Gary Jules III era un empleado de una aseguradora americana. Jules también era un gordo seboso aficionado a la comida basura y a los problemas estadísticos. Cuando llegaba a su casa se apresuraba a plantear problemas estadísticos dentro de su círculo familiar y todos creían que su pseudo-intelecto apestaba, pero Jules les despreciaba y a quien más, a su mujer, a quien siempre hablaba despreciativamente.
Un día, Jules llegó a su casa, exactamente el 29 de febrero de 1896, llegaba con aires de superioridad que se terminaban de acrecentar cuando mascaba el tabaco hardly hobbes. Entonces, tras proponer uno de sus engendros estadísticos, que no recibió la atención que él creía que debía haber recibido, comentó jactiosamente que si su mujer le planteaba algún problema de edades o fechas que él no pudiera responder en 10 minutos se avendría a no proponer más basura estadística en casa hasta el mismo día del próximo año.
Y Ella respondió,
Vale Gary, supongamos que tú hubieras tenido el triple de mi edad cuando nos conocimos y que yo tuviera ahora exactamente la misma edad y que tú habrías tenido entonces, y que cuando yo tenga exactamente tres veces mi edad actual nuestros sumando nuestros años resultará cien. ¿Puedes decirme que edad tendrás el próximo 29 de febrero?
Seguramente Jules estaba pensando en un plazo de un año, pero como no todos los años tienen 29 de febrero, cuando perdió su apuesta se le obligó a cumplir literalmente su promesa y se quedo sin poder molestar durante unos cuantos años.













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