Andres Patteta Toledo

Periodista por el Instituto Grafotécnico. Realizó seminarios y cursos de perfeccionamiento en la UCA(Universidad Católica Argentina), UBA , Centro Cultural Rojas, Fundación Constantini. Colaboró en diferentes medios nacionales. También es profesor de Técnicas de expresión oral y escrita en el Centro Profesional Rómulo Raggio.

La memoria feroz: Mi hermano de Jamaica Kincaid

Un día de 1986 Jamaica Kincaid recibe uno de los llamados más influyentes de su vida: le avisan desde la lejana isla de Antigua que su hermano menor está agonizando en un hospital. Así construye la crónica de los días en que la autora debe volver a su lugar de origen después de veinte años de ausencia y exilio en los Estados Unidos. Mi hermano (1997) es un texto de tono confesional marcado por las coordenadas que la propia Kincaid atribuye a su arte narrativo. Ya desde los primeras páginas la indagación acerca del origen es el disparador fundacional del libro “Nunca había entendido la razón por la que la gente miente acerca de su pasado, por qué dicen ser algo distinto de lo que realmente son, por qué inventan una personalidad que no guarda el menor parecido con quienes son en realidad, por qué todo el mundo desea sentirse como si él o ella no formaran parte de nada, no procedieran de nadie, como si simplemente hubieran caído del cielo, como si fueran una totalidad en sí mismos”

Se conforma sin pausa una red de reflexiones y situaciones alrededor de esa vuelta traumática. La autora construye en párrafos vertiginosos un universo personal marcado por la intensa y brutal relación con su familia. Sin embargo no es el suyo un narcisismo de los típicos exacerbados en la literatura postmoderna. Está en Kincaid esa amalgama ineludible entre el universo personal y el contexto sociocultural de cada ser humano. Sufre el peso de una madre que nunca le generó el más mínimo sentimiento de amor mientras intenta aclarar el vínculo complejo con ese hermano moribundo. Recuerda al hombre que sin ser su padre cumplió ese rol. Ataca a esa diminuta isla del Caribe a la que tuvo que volver para cumplir con los deberes familiares.

Todo es a flor de piel. Como si la escritura fuera un exorcismo imprescindible. Esa voz cuestiona, denuncia, dialoga, reflexiona. Siempre con una furia sostenida en imágenes que resultan estocadas.

Son el fruto de una ambivalencia exquisita. Nada es tajante en el universo de Mi hermano. El mundo de las contradicciones propias de un ser en diálogo permanente con su circunstancia :“No me sentía fuerte, me sentía indignada, la indignación me invadía por completo, y en mi indignación se ocultaban muchas cosas, en su mayor parte formadas por sentimientos que no era capaz de comprender, sentimientos que quizá no llegue nunca a comprender, sentimientos que todo aquel que me conoce comprende con un entendimiento al que yo nunca tendré acceso, o que quienes no me conocen en absoluto comprenderían como si ellos mismos hubieran confeccionado mis sentimientos”

Se permite describir los estragos del imperialismo británico. Denuncia los prejuicios latentes en su pequeña comunidad de origen. Descubre la verdadera identidad de ese hermano que cada día se aleja un poco más.

Nacida con el nombre de Elaine Cynthia Potter Richardson en 1948 en la ciudad de Saint John (capital de Antigua y Barbuda) esta escritora decidió rebautizarse Jamaica Kincaid a partir de sus veinticuatro años. Etapa ya trascendente de su existencia en que era columnista en la revista The New Yorker. Esas colaboraciones dieron origen a su primer libro En el fondo del río. Obra alentada por el editor de la revista y gran amigo suyo William Shawn. A quien Kincaid homenajea en Mi hermano como su “lector perfecto” A los diecisiete había abandonado su país y trabajó de niñera en Nueva York. En sus textos se cruzan la ficción y lo autobiográfico. Es autora además de Un pequeño lugar, Lucy y la consagrada Autobiografía de mi madre. Es profesora de la Universidad de Harvard.

Quizás Mi hermano adquiere mayor intensidad en esos pasajes finales donde el texto se vuelve casi un ensayo sobre el acto de escribir, sobre sus marcas y proyecciones:

“Me convertí en escritora como resultado de la desesperación, por lo que cuando me enteré de que mi hermano se estaba muriendo, ya estaba familiarizada con el acto de salvarme a mí misma: escribiría acerca de él. Escribiría acerca de su muerte. Cuando yo era joven, más joven de lo que soy ahora, empecé a escribir acerca de mi propia vida y me di cuenta de que ese acto me salvaba. Cuando me hablaron de la enfermedad que estaba llevando a la muerte a mi hermano, supe, instintivamente, que para comprender, o para intentar comprender su muerte, y no morir con él, escribiría acerca de ello”

La pluma de Kincaid revela las aristas del horror cotidiano en los paisajes bucólicos de su isla natal. Es un texto atravesado por las marcas indelebles del desarraigo, la soledad y el impulso vital. Un grito hermoso y desolado.

 

Agua viva o el hechizo sin pausa

Quizás la tendencia más habitual en el ser humano sea clasificar, encasillar, etiquetar. Dictar sentencia inamovible sobre un artista, movimiento o estilo. Dar tranquilidad a la farragosa existencia y así pasar a otro tema. Por eso Agua viva es, dentro de la literatura de Clarice Lispector, pieza imprescindible en la literatura brasileña del siglo XX. Basta este fragmento del libro para reavivar la polémica:

“Te escribo a la medida de mi aliento. ¿Soy hermética como en mi pintura? Porque parece que hay que ser terriblemente explícita. ¿Soy explícita? Poco me importa. Ahora voy a encender un cigarrillo. Quizás vuelva a la máquina o quizás me pare aquí mismo para siempre. Yo, que nunca soy adecuada”

Nada menos “adecuado” dentro de la literatura de esta mujer nacida en Ucrania y criada en el nordeste brasileño. Agua viva no es diario, no es novela, no es ensayo, no es cuento, estalla ante los ojos del lector en búsqueda de lo desconocido.

Viaje interior traspasado por un aliento poético inigualable. Escritura fragmentaria de una autora que borra los límites no para vislumbrar certezas sino para llenar de interrogantes la página:

“Oh, qué incierto es todo. Y sin embargo dentro del Orden. No sé siquiera lo que voy a escribirte en la frase siguiente. La verdad última nunca se dice. Quien sepa la verdad que venga. Y que hable. Escucharemos afligidos.”

Dijo el escritor y pedagogo Gianni Rodari que las palabras son como piedras arrojadas a un estanque. Así como la piedra provoca en el agua ondas concéntricas que se expanden sobre la superficie las palabras generan en la mente una serie de reacciones y sensaciones que afectan a la experiencia. Valga esta metáfora para el entretejido de palabras que Lispector plasmó en Agua Viva.

Alejado de la literatura de situaciones, de la descripción de paisajes, el texto se desliza sobre esa voz omnipresente y delicada:

“Esto no es un argumento porque no conozco ningún argumento así; pero sólo sé ir hablando y haciendo; es la historia de instantes que huyen como los senderos fugitivos que se ven desde la ventana del tren”

Apenas se atisba la presencia de ciertas flores, animales o sueños simples de la autora sin un final cerrado. Y está presente ese paralelismo entre la expresiónHomenaje callejero a Clarice Lispector pictórica y la literaria. Un arte que la autora también practicó con devoción. Dos vías diferentes de forjar lo único en palabras o colores:

“No existe nada más difícil que entregarse al instante. Esta dificultad es dolor humano. Es nuestra. Yo me entrego en palabras y me entrego cuando pinto”

Hace carne Lispector sus dudas metafísicas en los pasajes más conmovedores. Una apelación constante a los misterios del ser, su esencia, las constantes transformaciones de la materia en el mundo:

“Todo acaba pero lo que te escribo continúa. Y eso es bueno, muy bueno. Lo mejor todavía no se ha escrito. Lo mejor está en las entrelíneas.”

Clarice Lispector llegó a Brasil cuando tenía dos meses de vida desde su Ucrania natal. A los veinticuatro años publicó su primera novela Cerca del corazón salvaje, recibida con elogios por la crítica. Le siguieron La manzana en la oscuridad, La pasión según G.H., La legión extranjera, entre otras obras. Cultivó la novela, el cuento y hasta se atrevió a escribir narraciones para niños. Definió su corpus literario a partir de 1973, año de publicación de esta obra, como “la hora de la basura”. Una forma brutal de aludir a su intento de apresar lo inefable.

Agua viva avanza desde un pensamiento fijo. Despliega los hilos invisibles que rodean los secretos. Bordea los intersticios de un devenir implacable. Apuesta, se arriesga, tantea en la oscuridad, es un puente de cristal entre dos mundos endebles. Y por supuesto vence encaramada en su arrolladora belleza.

Una cantera de historias deslumbrantes

Riquezas infinitas es una novela clave en la obra del escritor nigeriano Ben Okri. Cierra la trilogía iniciada con La carretera hambrienta ( que le valió en 1991 el Premio Booker) y continuada con Canciones del encantamiento. Sin embargo puede leerse en forma autónoma. Relata la historia de un niño-espíritu que, según los mitos yorubas, tras morir se reencarna incesantemente. Un personaje que se mueve entre dos mundos. Azaro relata las peripecias de su padre. Un hombre acusado de matar a un carpintero. Es testigo de la lucha incondicional de su madre por liberarlo. El séquito de mujeres que la acompaña en su lucha inquebrantable. Describe con afiebrado entusiasmo el derrotero vital de Madame Koto. Dueña de un burdel, mezcla de hechicera y mujer influyente. Es testigo de las luchas de poder entre clanes políticos, la prensa internacional y los personajes declinantes del poder colonial.

Escritor | Ben Okri

Es un libro fascinante de trazos poderosos, de imágenes envolventes que parecen reproducirse sin pausa. Como si el lector se paseara por El jardín de las delicias (ese tríptico genial de El Bosco plagado de figuras y situaciones). Hasta la selva misma es protagonista en la narrativa de Okri. Sus animales, sus árboles, los variados minerales que nutren el suelo, los colores, los ríos, las fuerzas inmemoriales de la naturaleza africana. Son ilustrativas las palabras del novelista cuando lo interrogaron sobre su relación con el realismo mágico de García Márquez “África es la conciencia transformando un lugar, por eso no se puede utilizar a Jane Austen para describirla. Yo puedo entrar en una selva con Graham Greene y él verá árboles, lianas, animales, y yo veré árboles, lianas, animales, pero también presencias de los ancestros, espíritus de los bosques… Porque son cosas que están en mi percepción. Parecerán las descripciones de dos lugares diferentes. Un paisaje cambia a causa de la gente que vive en él, por eso el trabajo más difícil para un escritor es encontrar la forma adecuada, la relación de la gente con un lugar. Que la gente compare mis libros con los de García Márquez se debe a que tenemos esa percepción similar que no es occidental. El realismo mágico es un lugar transformado por la conciencia. “

Hijo de un pastor protestante del sur de Nigeria y de una princesa Igbo, del norte, Ben Okri viajó con su familia a Inglaterra a los 18 meses, aunque regresó a su país a los siete años. Entre 1967 y 1970, vivió los horrores de la guerra de Biafra, que marcan La carretera hambrienta. Sus padres se separaron cuando era un adolescente y se instaló en el Reino Unido a los 19 años para estudiar. Cuando se acabó su beca, comenzaron los problemas y llegó a vivir en la calle como un sin techo. Fue conductor de un programa del BBC World Service y editor de la revista de Poesía West Africa.

El niño-narrador le permite describir tanto el mundo real como el de los muertos. Introducirse en los sueños, ver a través de los animales, dejarse devorar por la carretera que late, pasear entre los espíritus que como el suyo se mezclan entre los vivos, ser testigo de las desgracias y suertes de cada ser.

En capítulos breves la novela va uniendo historias diminutas influenciadas por las leyendas tribales, los mitos y la presencia de los diferentes ángeles. Una prosa impregnada de una cadencia única que tributa en la oralidad fundante de la literatura africana.

Sin embargo no existe maniqueísmo en la construcción de los perfiles. Cada personaje es multifacético dentro de este gran relato de tono onírico. Okri se permite ciertas reflexiones dentro de la misma historia como aquellas dedicadas al ecologismo, la bomba atómica o el afán del colonizador por borrar las raíces africanas. Un tema encarnado en la figura del Gobernador General que desde su mansión impoluta intenta reescribir la historia de todo un pueblo.

Hay en Riquezas infinitas esa tensión entre la cultura autóctona de cada etnia o tribu y la impuesta por los colonizadores. El artista se sirve de la lengua impuesta para entrelazar ambos mundos, enriquecerlos mutuamente, alcanzar una síntesis superadora que despliega las mejores aristas de cada visión. Un gran novela de profunda raigambre vitalista.

Elias Canetti, maestro de lo breve

Cuando Elías Canetti compareció en Estocolmo ante el comité del Nobel literario en 1981 quedaban atrás años de ostracismo, huidas y penurias de juventud. La historia fascinante de un sefardí nacido en el imperio austro-húngaro. Hijo pródigo de un pueblito recostado sobre el Danubio. Ese gran río-vida delineado con maestría por Claudio Magris. Un hombre traspasado por varios idiomas, culturas, tradiciones. El fresco efervescente de una sociedad en transición que reflejaría en esa serie autobiográfica que haría de Canetti un autor conocido para el gran público (La lengua absuelta, La antorcha al oído, El juego de ojos)

El escritor búlgaro, más tarde nacionalizado británico, concibió en la capital del Imperio Británico las coordenadas fundamentales de Masa y Poder. Un texto único mezcla de ensayo, estudio, reflexión filosófica e itinerario vital. Fueron casi veinte años de lecturas eclécticas. Ingentes libros de filosofía, sociología, religión, antropología. Todo servía para alimentar esa obra titánica que consumía su vida y genio literarios. En paralelo a esta escritura desgastante Canetti empieza a tomar notas en sucesivos cuadernos de apuntes que son para él “una válvula de escape”. Un alivio mental a semejante tensión. El mismo los definió como “un modo de respirar”. Luego de una ardua selección los divide en diferentes períodos. Y así estos Apuntes (1973-1984) conforman una entrada inigualable para su universo creativo. Una escritura fragmentaria expresada mediante un lenguaje austero y despojado. Son notas, apuntes, aforismos, ráfagas de una inteligencia en movimiento. Pero no es la palabra una sentencia compacta. Una moneda lanzada al aire para que alguien se haga cargo: “Todo lo que falta en ellos es importante. El lector se entrega él mismo como complemento”. Son de carácter accidental, provisorio.

Hay autobiografía intelectual de la más cruda: “…tendré que comprar libros hasta el último instante de mi vida, sobre todo cuando sé con seguridad que nunca los leeré. Creo que es también parte de la rebeldía contra la muerte. Nunca quiero saber qué libros entre esos se quedarán sin leer. Hasta el final no está determinado cuáles van a ser. Tengo libertad de elección, puedo elegir en cualquier momento entre todos los libros a mi alrededor, y por ello tengo en mi mano el curso de la vida” El enigma principal.La muerte en todas sus formas. Ya sea la de un ser humano“El último indio ona ha muerto en Tierra del Fuego” Ya sea en forma de fábula futurista: “Todas las casa de la tierra vacías. Un solo superviviente para todas las casas” O también representada en el amor del gran humanista que era y su afecto por las lenguas del mundo“En vez de apostar por las elites, apuesta por las lenguas moribundas” La muerte como gran enemiga a vencer. Todo lo demás es, para Canetti, desgracia derivada de esa gran barrera insalvable. La fuerza del pensamiento como trampolín para la búsqueda constante: “Descubrimientos que se vuelven contra uno mismo, ante los que uno tiembla.”Reforzada más adelante: “Nada es más grande que el pensar, cuando empieza siempre de nuevo: el salto, el apartarse de la nada, del punto muerto.” Hay que diferenciar estos Apuntes (1973-1984) de sus diarios. Aquí Canetti no consigna acontecimientos cotidianos. Plasma en un tono seco y directo una serie de ramalazos de los más variados. Desde la reflexión analítica, el aforismo clásico, epifanías, relatos diminutos y hasta opiniones políticas. Son escritos que el lector retomará en otro momento. Recordará días después para reformularlos. Polemizará con su autor, con su concepción del mundo o se rendirá ante su genio. Pero seguro no saldrá indemne del trance.

Los viajes de Marguerite Yourcenar

El prestigio de Marguerite Yourcenar se cimienta sobre todo por tres novelas fundamentales Memorias de Adriano, Alexis o el tratado del inútil combate y Opus Nigrum. El resto de su obra incluye ensayos, autobiografía, teatro y hasta un libro de haikus. A este “resto” tan poco difundido pertenece Una vuelta por mi cárcel.
Es una obra inconclusa ya que, si bien Yourcenar había escrito la mayoría de los textos, tenía la intención de ampliarla. Algo seguro es que la francesa pensaba titular a este compendio de esa forma. Un fragmento que pertenece a Zenón, el personaje de Opus Nigrum quien declara ¿Quién puede ser tan insensato como para morir sin haber dado, por lo menos, una vuelta por su cárcel? Un libro conformado por 14 textos de diferentes viajes realizados por la autora más una conferencia dictada en el Instituto francés de Tokio en 1982. El título de esa conferencia es Viajes en el espacio y en el tiempo. Están ahí ya las claves del viaje en la concepción de Yourcenar. La búsqueda del conocimiento como motivación principal. Instruirse y gozar de la vida como base del viaje en todos los tiempos. “En el hombre, al igual que en el pájaro, parece haber una necesidad de emigración, una vital necesidad de sentirse en otra parte” Y agrega :“Presentimos que, pese a todo, nuestros viajes, al igual que nuestras lecturas y encuentros con nuestros semejantes, son unos medios de enriquecimiento que no podemos negarnos”
Encontramos en estos escritos elegantes a la políglota consumada, la ciudadana del mundo, la amante de la antigüedad, un espíritu nómade por excelencia. El volumen se organiza en torno al viaje al Japón que la escritora realizó en 1982. Diez textos que combinan relato y reflexión. Se suman una evocación de la ciudad de San Francisco, dos relatos de viajes al Canadá y Alaska, así como un crucero por el archipiélago de Hawai.
Nos deleitamos con sus reflexiones acerca de la delicada poesía de Basho, el gran maestro del haiku. Las estampas donde disecciona las ciudades japonesas y todos los cambios que las aquejaron después de la segunda guerra mundial. Su fascinación por el mundo del teatro kabuki. Sobre todo los detalles de sus ritos y simbolismos. Los pensamientos y observaciones al visitar la casa del fallecido Yukio Mishima. El novelista japonés a quien dedico un libro (Mishima o la visión del vacío). Era tal la fascinación de la francesa por los escritos del oriental que aprendió japonés para leerlo en su lengua original.. Tal como su padre le había enseñado latín y griego para que se deleitara en el mundo de los autores de la antigüedad clásica.
Yourcenar entrando en el hemiciclo de la Academia Francesa. Sobria en su traje negro. Con el detalle casi aristocrático de un chal de seda blanca cubriéndole la cabeza. Y la procesión de académicos almidonados, de riguroso esmoquin, atestados de condecoraciones. Sorprendidos ante la majestuosidad de esa primera mujer en la historia que los acompaña. Y Yourcenar entrevistada por Bernard Pivot en su despojada casa de Maine, rodeada de libros, muebles de madera noble, la cabeza nevada, los ojos que parecen entreabiertos, y esa media sonrisa de abuela sabia diciendo que cuando escribe siente “Plenitud”. La viajera eterna que nos ilumina en estas páginas memorables.

La ciudad parlante de Cabrera Infante

Tres tristes tigres es la novela que consagró al cubano Guillermo Cabrera Infante (1929-2005). La obtención del premio Biblioteca Breve en 1964 permitió a su autor dedicarse por completo a escribir.

La capital cubana es la protagonista indiscutida de la historia en Tres tristes tigres. Sobre todo La Habana nocturna, la de los cantantes eternos, la del Tropicana y todo ese mundillo efervescente inundado de personajes entrañables. Cuenta el autor en una entrevista, “lo que ocurrió fue que me di cuenta de que todo ese mundo de La Habana de noche, todo lo que se narra en Tres Tristes Tigres, iba a desaparecer a la corta o a la larga, y sin tener testigos, sin tener nadie que lo describiera. Era una realidad muy rica como para dejarla desaparecer de esa manera”.

Un texto plagado de continuas alusiones musicales. Sobre todo al son y a letras del cancionero popular cubano. Así como divertimentos literarios, parodias, malabares lingüísticos, la exaltación de la noche y la descripción inigualable de sus mitos. Un punto de vista con muchas libertades da ritmo a la prosa. Se destaca la creación de un personaje vital llamado La Estrella, una cantante de boleros descomunal. Cabrera Infante la delinea con maestría.

La celebración del erotismo nace en cada descripción de las mujeres admiradas por el protagonista de la novela. Un ejercicio convertido casi en veneración ya que las ninfas que pueblan cada uno de los libros del escritor cubano. Sin embargo, existe también un lugar para el humor digno de una comedia de enredos. Tres tristes tigresComo apunta el autor en una advertencia al comienzo “el libro está escrito en cubano”. Un cubano rico, luminoso, que sorprende. Cabrera Infante juega con las palabras, las hace cómplices en una prosa barroca y cadenciosa.

La novela está dividida en fragmentos breves en su mayoría. En cada uno fluye un matiz diferente. Nunca es la historia un estilo compacto. Es la escritura de GCI que se transforma, se despliega, adquiere un tono diferente, la camaleónica coraza abarcando el lenguaje en su esencia. Pero el mérito mayor sea quizás esa musicalidad presente en cada página, en cada diálogo ingenioso y en la intertextualidad concebida para multiplicar las reverberaciones del habla cubana. Surge así un caleidoscopio literario recreado en torno a la memoria. Cabrera Infante resalta los recuerdos como mecanismo para recuperar esa ciudad que ya no es. Es el mapa detallado de un momento único en una ciudad única. Deléitate lector en las páginas de Tres tristes tigres. Disfruta, goza, regodéate en las palabras. Toda La Habana transita en los pasajes de este libro señero en la obra de Guillermo Cabrera Infante. Porque como dice el narrador en un pasaje la única cosa por que se siente un odio mortal es el olvido.

Cabrera Infante dejó, además de esta novela, libros esenciales. Desde esa memoria minuciosa de la infancia titulada La Habana para un infante difunto hasta una miscelánea en viñetas sobre la historia cubana en Vista del amanecer en el trópico. Sus libros sobre cine Arcadia todas las noches y Un oficio del siglo XX son clásicos indispensables para entender el séptimo arte.

El querido mundo familiar de Miguel, por Natalia Ginzburg

Querido Miguel es el título de esta novela epistolar de la italiana Natalia Ginzburg. Un texto que en un estilo sencillo y directo describe el entramado familiar de un conjunto de burgueses italianos de la década del setenta.
Las diferentes voces se organizan alrededor de Miguel, el joven protagonista de quien sabemos poco. A través de las cartas de su madre, sus hermanas, un amigo y una ex amante se perfilan los detalles de las diferentes existencias. La escritura fluye sin estridencias con un fondo de violencia política que ya despuntaba por aquellos años. Cada personaje cuenta preocupaciones, dudas, formas de ver a los demás, todo un microcosmos plasmado en cartas de distintos tonos. También tiene Querido Miguel pasajes de diálogos  fluidos intercalados con un narrador bastante contenido, descriptivo en esencia. La psicología de los personajes reflejada en su habla más íntima. Pero la gran virtud del estilo es el humor amable que se cuela entre las cartas. Un ingrediente imprescindible para hacer liviano el drama de la incomunicación humana.

Natalia Ginzburg fue una exponente prestigiosa de los literatos italianos de posguerra. Junto a Calvino, Pavese, Levi y Morante integró una generación de destacados intelectuales. Esta novela escrita en 1973 significó dentro de su obra una profundización de los temas relacionados a los vínculos familiares. Esa misma veta que le había granjeado el favor de público y crítica en su anterior escrito  Léxico familiar (1963). En la prosa de Ginzburg hasta los objetos  disparan discordias, soledades, rencores, amores, pedidos.

Una bufanda, una torre heredada, una camiseta harapienta. Nos lo dice así, como al pasar. En un susurro delicado traspasado por la memoria y la soledad.

El malabarista de Bombay

Cuando Salman Rushdie estaba terminando la novela Los versos satánicos, su hijo Zafar le hizo prometer que se olvidaría de los adultos y escribiría un libro para niños. El resultado:  Harún y el mar de las historias. El factor inesperado fue que el autor anglo-indio escribió esta fábula luminosa en la clandestinidad. El 14 de febrero de 1989 el ayatolá Jomeini, líder religioso iraní, condenaba a Rushdie mediante un edicto a ser ejecutado por atentar contra el Islam. Así Harún… es una obra especial dentro su universo narrativo. En las palabras del propio Rushdie “No podría haber escrito una novela para adultos. Carecía de distancia, de calma. Tenía que cumplir la promesa que hice a Zafar porque era lo único que podía hacer por él. Ese era el látigo con que me flagelaba. Me daba energía para hacer algo tan raro como escribir un cuento de hadas en medio de una pesadilla. No hay nada más absoluto que una promesa hecha a tu hijo. Es inquebrantable.”

El resultado es una historia repleta de personajes fascinantes donde la imaginación del autor se dispara para describir las aventuras de Rashid Khalifa, un narrador de historias que un día pierde su verba inflamada. Su hijo Harún se empecina en recuperar el don de su padre y para ello viaja al Mar de las historias. El espíritu salvador se sobrepone a las adversidades. Resuena Harún y su meta “No me gusta pensar que todos los hermosos cuentos del mundo se echen a perder para siempre jamás”

Páginas pobladas de aventuras, seres únicos, palacios, pájaros parlantes, ejércitos alocados, una historia de amor, la lucha de la palabra contra el silencio. Todo con los ecos de Las mil y una noches resonando de fondo. Y una prosa que abreva en la tradición elegante y satírica del Swift de Los viajes de Gulliver.

Vence la visión de Rushdie. No hay posturas maniqueas, no hay mundos dominando y anulando a otros. Hay complemento, integración, suma, riqueza en la diversidad. Como dice Carlos Fuentes en una carta a su amigo Salman “Como todo gran escritor, tú has venido a recordarnos que necesitamos al extraño para completarnos a nosotros mismos. Tú nos dices que nadie, por sí mismo, puede ver la totalidad de lo real. Y que sólo somos únicos porque existen otros, diferentes de nosotros, que con nosotros ocupan el lugar y la hora del mundo”

Y Rushdie el perseguido, el condenado, el vapuleado, el escapista eterno, habla a través de Harún en un pasaje de libro “Siempre me pareció que contar cuentos es también una especie de malabarismo. Mantienes en el aire un montón de relatos diferentes y los haces girar, y si eres bueno no se te cae ninguno. O sea que hacer malabares puede ser un poco como contar cuentos.”

Un escritor exuberante cuyo único enemigo declarado es el fanatismo.

Edwidge Danticat y sus relatos desolados

¿Krik? ¡Krak! es el título de este volumen de nueve cuentos. Su autora es la haitiana-norteamericana Edwidge Danticat. Por este conjunto de historias la autora fue nominada en Estados Unidos, donde reside, al National Book Award. Su primera novela Palabra, ojos, memoria le otorgó un sitio destacado en el panorama de la narrativa en inglés. Desde el primer relato, Hijos del mar, se adivina una historia lacerante contada por dos voces en contrapunto, ya están a la vista las marcas de su narrativa. A medida que el libro avanza se repeten las miserias, los desencuentros, la indefensión de los personajes. Quizás los últimos relatos son más sosegados, donde el trazo se hace menos oscuro y las postales vitales más reflexivas. Historias de seres en el límite. Habitantes de la desesperación. En el trance de la pérdida, del despojo. Como esa joya titulada Mujeres de la noche donde una prostituta narra en primera persona su amor maternal:

“Yo le murmuro al oído cuentos de la montaña, historias de las mujeres fantasmas con estrellas en el pelo. Le cuento de las serpientes mortíferas que hay en una punta del arco iris y del sombrero lleno de oro que hay en la otra punta. Le cuento que si cruzo un arroyo de hibiscos cristalinos puedo volverme diosa. Le soplo las largas pestañas para ver si duerme de veras. En su nariz mis dedos se enroscan en visiones de pájaros. Quiero que olvide que vivimos en un lugar donde nada dura”.

Sin embargo, siempre nos regala una escena esperanzadora, una iluminación tenue. Como un soplo de aire liberador entre tanta asfixia.

La escritura de Danticat es un torrente permanente de historias engarzadas con maestría. Como si susurrara el gran relato de las bellezas y desgracias haitianas. El de los que todavía están allí, el de los que huyen, el de los que hace tiempo ya han partido.

Francisco Umbral y la prosa desatada

Existen libros en la vida de un escritor que son indestructibles, aquellos que hasta sus detractores elogian. Este es el caso de Mortal y rosa. Aquí está el Umbral más lírico, íntimo, el de la introspección luminosa. Diferente de sus novelas más populares (El giocondo, Las ninfas) de su provocador Diccionario de Literatura o de esa glosa-homenaje que es Trilogía de Madrid.

Tampoco está aquí el sarcasmo corrosivo de sus columnas o ensayos. Está esa literatura testimonial, el yo, la memoria. Un tapiz construido con prosa y poesía llenas de música, de cadencia, de vitalidad.

El argumento está ausente. Sólo el fluir de las palabras sobrevolando ese drama privado: la enfermedad y muerte de su único hijo. Pero se aleja Umbral de los golpes bajos, del regodeo en el dolor. Transformando el desorden del mundo en imágenes, metáforas y estilo:

“Niño mío, hijo, fruta fugaz, manzana en el mar, siempre lo he dicho, milagro instantáneo, doblemente imposible, estoy aquí, en el desorden de tu ausencia, entre los colores, animales, objetos, hierros, ruedas y seres de tu mundo, tan muertos sin ti, juguetes de un sol solo que apenas los roza, y me mira tu ausencia desde todas las paredes, encarnas en fotografías cuando halago el tacto de la nada. No estás”

Para algunos críticos es una novela lírica. Otros la consideran un poema en prosa. Quizás acierta la definición que José Manuel Caballero Bonald acerca en su prólogo: “depurada síntesis del diario íntimo”.

Francisco Umbral fue un escritor prolífico, dueño de una prosa por momentos feroz, cronista de su época, columnista entrenado, cultor de la ironía y el humor por igual. Sus más de ochenta libros dan testimonio de ello. Así como sus miles de artículos dispersos en diarios y revistas. Alguien le preguntó cual era su materia para la escritura y contestó certero “La memoria, no hay otra. Pero la memoria en vigilia, despierto”.

Hasta hay en el libro una declaración de cómo fue concebido:

“Sucesivas iluminaciones concéntricas, rueda de instantes, un faenar con el presente, hasta agotarlo”

Una obra que es como un mar furioso donde las olas rompen imponentes. Y las que vienen detrás son más altas, potentes e irrepetibles.