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Seguro que muchos de vosotros visionásteis la película Crash, de Paul Haggis, una película ganadora de un Óscar de la Academia. Esta serie es mejor que la película. Crash es una serie revolucionaria por su espíritu narrativo. Como en el filme, se cuentan historias cruzadas, sin conexión aparente, pero que en algún momento sus personajes y tramas se entrelazan. Y no se cuál de las subtramas me gusta más, lo cual es algo positivo.Todo ello se desarrolla en las calles de la ciudad más grande de California, Los Ángeles.
En efecto, el joven hondureño que trata de llegar a LA a través de un periplo por tierras mexicanas es una delicia. Una oda a la libertad y un desarrollo dramático que acompaña a todo viaje de un espalda mojada a su destino: el primer mundo.
Otra trama es netamente policiaca, y como en la oscarizada cinta, se puede comprobar de primera mano la corrupción que cohabita en el seno del departamento de policía de la ciudad con más asesinatos de EEUU.
Por último la historia del loco, apasionado y en otros tiempos primer espada de la producción musical de la ciudad. El papel lo interpreta magistralmente el genial Dennis Hopper, un especimen del pasado que revolucionó la escena musical en déadas pasadas, pero que un cóctel de drogas, desesperación y manías llevaron a un segundo plano. Ahora quiere volver a ser el número uno, con la ayuda de su delfín, un muchacho negro de uno de los numerosos guetos que abundan en la ciudad y al que la situación le sobrepasa.
Con un guión espléndido y una potencia visual a la altura de la película, el dinero, el poder, la corrupción, los sueños y las relaciones personales son los ingredientes de una serie imprescindible








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