La memoria feroz: Mi hermano de Jamaica Kincaid

Un día de 1986 Jamaica Kincaid recibe uno de los llamados más influyentes de su vida: le avisan desde la lejana isla de Antigua que su hermano menor está agonizando en un hospital. Así construye la crónica de los días en que la autora debe volver a su lugar de origen después de veinte años de ausencia y exilio en los Estados Unidos. Mi hermano (1997) es un texto de tono confesional marcado por las coordenadas que la propia Kincaid atribuye a su arte narrativo. Ya desde los primeras páginas la indagación acerca del origen es el disparador fundacional del libro “Nunca había entendido la razón por la que la gente miente acerca de su pasado, por qué dicen ser algo distinto de lo que realmente son, por qué inventan una personalidad que no guarda el menor parecido con quienes son en realidad, por qué todo el mundo desea sentirse como si él o ella no formaran parte de nada, no procedieran de nadie, como si simplemente hubieran caído del cielo, como si fueran una totalidad en sí mismos”

Se conforma sin pausa una red de reflexiones y situaciones alrededor de esa vuelta traumática. La autora construye en párrafos vertiginosos un universo personal marcado por la intensa y brutal relación con su familia. Sin embargo no es el suyo un narcisismo de los típicos exacerbados en la literatura postmoderna. Está en Kincaid esa amalgama ineludible entre el universo personal y el contexto sociocultural de cada ser humano. Sufre el peso de una madre que nunca le generó el más mínimo sentimiento de amor mientras intenta aclarar el vínculo complejo con ese hermano moribundo. Recuerda al hombre que sin ser su padre cumplió ese rol. Ataca a esa diminuta isla del Caribe a la que tuvo que volver para cumplir con los deberes familiares.

Todo es a flor de piel. Como si la escritura fuera un exorcismo imprescindible. Esa voz cuestiona, denuncia, dialoga, reflexiona. Siempre con una furia sostenida en imágenes que resultan estocadas.

Son el fruto de una ambivalencia exquisita. Nada es tajante en el universo de Mi hermano. El mundo de las contradicciones propias de un ser en diálogo permanente con su circunstancia :“No me sentía fuerte, me sentía indignada, la indignación me invadía por completo, y en mi indignación se ocultaban muchas cosas, en su mayor parte formadas por sentimientos que no era capaz de comprender, sentimientos que quizá no llegue nunca a comprender, sentimientos que todo aquel que me conoce comprende con un entendimiento al que yo nunca tendré acceso, o que quienes no me conocen en absoluto comprenderían como si ellos mismos hubieran confeccionado mis sentimientos”

Se permite describir los estragos del imperialismo británico. Denuncia los prejuicios latentes en su pequeña comunidad de origen. Descubre la verdadera identidad de ese hermano que cada día se aleja un poco más.

Nacida con el nombre de Elaine Cynthia Potter Richardson en 1948 en la ciudad de Saint John (capital de Antigua y Barbuda) esta escritora decidió rebautizarse Jamaica Kincaid a partir de sus veinticuatro años. Etapa ya trascendente de su existencia en que era columnista en la revista The New Yorker. Esas colaboraciones dieron origen a su primer libro En el fondo del río. Obra alentada por el editor de la revista y gran amigo suyo William Shawn. A quien Kincaid homenajea en Mi hermano como su “lector perfecto” A los diecisiete había abandonado su país y trabajó de niñera en Nueva York. En sus textos se cruzan la ficción y lo autobiográfico. Es autora además de Un pequeño lugar, Lucy y la consagrada Autobiografía de mi madre. Es profesora de la Universidad de Harvard.

Quizás Mi hermano adquiere mayor intensidad en esos pasajes finales donde el texto se vuelve casi un ensayo sobre el acto de escribir, sobre sus marcas y proyecciones:

“Me convertí en escritora como resultado de la desesperación, por lo que cuando me enteré de que mi hermano se estaba muriendo, ya estaba familiarizada con el acto de salvarme a mí misma: escribiría acerca de él. Escribiría acerca de su muerte. Cuando yo era joven, más joven de lo que soy ahora, empecé a escribir acerca de mi propia vida y me di cuenta de que ese acto me salvaba. Cuando me hablaron de la enfermedad que estaba llevando a la muerte a mi hermano, supe, instintivamente, que para comprender, o para intentar comprender su muerte, y no morir con él, escribiría acerca de ello”

La pluma de Kincaid revela las aristas del horror cotidiano en los paisajes bucólicos de su isla natal. Es un texto atravesado por las marcas indelebles del desarraigo, la soledad y el impulso vital. Un grito hermoso y desolado.

 

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