Aun sumergidos en plena crisis financiera y económica, que ha llevado a las economías occidentales a serios problemas con consecutivas caídas trimestrales del PIB, parece que la adopción de medidas que limiten los excesivos riesgos asumidos en la época previa de esplendor aun no han comenzado, por no decir que empiezan a mostrarse signos de que no existe intención alguna de hacerlo.
A lo largo del 2009 hemos asistido a reiterados debates estériles que han enfrentado las doctrinas de los académicos Friedman y Keynes sin profundizar en la realidad de los hechos y la necesidad de tomar medidas sobre el desencadenante fundamental de esta crisis: la excesiva asunción de riesgos por parte de los agentes financieros debido a los incentivos o “bonus” a corto plazo que dicha actitud les reportaba.
Cuando de pronto grandes colosos financieros como Citigroup, AIG, Bank of America, RBS……. empezaron a tambalearse y otros como Bearn Stearns o Lehman Brothers caían en la bancarrota, todo el sector financiero puso sus miradas en el “Tío Sam” demandándole una solución y ayuda económica para salir del embrollo en el que ellos solitos se habían metido. El gobierno americano así como otros gobiernos europeos inyectaron grandes cantidades de liquidez en múltiples entidades financieras para sanear su capital y evitar su caída, todo por supuesto a cargo del contribuyente. Dichos recursos han sido detraídos de otros usos como la mejora de infraestructuras, gasto en sanidad o servicios públicos y otros, para así poder cubrir las pérdidas provocadas por ese “tornado financiero” iniciado con las hipotecas subprime a mediados y finales de 2007.
En la actualidad estas entidades, que han conseguido sostenerse gracias a dicha ayuda, se apresuran a devolver dichas ayudas para poder así librarse de la supervisión estatal en su gestión, y sobre todo, para tener plena libertad en su política de retribuciones, es decir, para volver al esquema codicioso que llevo previamente a esta crisis y que ya ha sido recibido por gran parte de la opinión pública y del propio presidente Obama con gran indignación.
Por lo tanto nos encontramos con un panorama en el que las cuentas públicas se encuentran tiritando (y lo estarán durante una buena temporada), los ciudadanos se aprietan el cinturón y pierden sus puestos de trabajo y los accionistas asumen perdidas en sus patrimonios por la caída del valor de sus inversiones, mientras que los gestores y consejos de administración de las grandes entidades vuelven a repartirse cifras astronómicas de dinero a placer. Esta situación ya la plasmo de manera muy acertada el economista John Kenneth Galbraith en su obra del año 2004 “La economía del fraude inocente” donde saca a relucir como la “inocente” actitud individual de estos gestores tiene un impacto negativo no solo en el conjunto de los accionistas sino en la economía y el bienestar social de las naciones.
En España aunque las cosas no han llegado al límite de lo acaecido en EE.UU si que hemos podido saber recientemente, con un retraso apreciable todo sea dicho, en una nota de prensa de la CNMV sobre su informe anual sobre gobierno corporativo del año 2008 que en aquellas empresas cotizadas que forman parte del Ibex 35 la remuneración media por consejero ejecutivo aumento un 8,8%, lo cual llama aun más la atención cuando por primera vez se produce un descenso en las retribuciones variables ligadas a resultados mientras que las de carácter fijo aumentaron. Es decir, que aquí nunca se pierde porque cuando los resultados disminuyen no se asumen responsabilidades en forma de retribución económica y si se asumen responsabilidades y se fuerza la salida de cualquier gestor, éste se va con una indemnización millonario en el bolsillo. Por lo tanto, es necesaria una reforma sobre los grandes incentivos y retribuciones de los consejeros y directivos, asunto que ya están planteando distintos gobiernos como el británico o el francés.
No debemos olvidar como decía Giusseppe Tomasi di Lampedusa que es necesario que todo cambie para que toda siga igual y lo que tiene que seguir igual es la prosperidad económica de las naciones y no el bolsillo de los gestores de las grandes entidades.













q gran artículo
cuando todo se va a tomar por saco acuden a gobierno para q les salve el culo (cosa q no ocurre co ninguna otra empresa que no sea un banco) y a toro pasado, se vuelve a lo q provocó la mala situación
buen análisis y buen artículo
sabes más de economóa que de consolas jeje
Totalmente de acuerdo en el contenido. Me ha gustado mucho, la forma como ha sido escrito el articulo, es claro y contundente, no deja lugar a dudas.Adelante Eduardo.
Efectivamente. Todo ha de cambiar para que todo siga igual. Hay que evitar caer en los mismos errores que nos llevaron a la situación en la que acabamos, pero quién sabe si en el transcurso de evitar caer en ellos, caemos en otros peores…
Excelente artículo….
Buen articulo!