El futuro de la Monarquía en España

La reciente operación quirúrgica a la que se sometió Su Majestad el Rey para que le fuera extirpado un nódulo en el pulmón derecho y el subsiguiente periodo de convalecencia alejado de sus tareas, que continúa en el momento de escribirse estas líneas, han generado incertidumbre acerca del verdadero estado de salud de don Juan Carlos y han evidenciado algo que algunos españoles habían obviado: al Rey dejará el Trono más tarde o más temprano, bien por fallecimiento, bien por abdicación en el Príncipe de Asturias. La sucesión parece asegurada, al existir un heredero dotado de una formación sólida y que parece ser plenamente consciente del trascendental papel, consagrado en la Constitución, que la Corona desempeña en la estabilidad institucional y en el enfriamiento de las pasiones políticas que embargan con frecuencia a Gobierno y oposición.

Don Felipe juró solemnemente la Constitución española en 1986 al alcanzar la mayoría de edad y lo volverá a hacer cuando suceda a su padre. Y esta segunda jura tendrá una importancia extraordinaria, que trascenderá lo meramente institucional para entrar en los anales de la Historia. El acontecimiento no sólo será histórico por poner colofón a la primera sucesión ordinaria, esto es, sin mediar regencia, motín, revolución o conflicto dinástico, desde que Carlos IV accedió al Trono en 1788, sino que también supondrá la primera sumisión expresa a la Carta Magna de 1978 de un monarca. Téngase presente que don Juan Carlos sancionó, pero no juró la Constitución. Y no lo hizo porque en noviembre de 1975 había jurado por su honor y sobre los Santos Evangelios las Leyes Fundamentales del Reino y los Principios que informaban el Movimiento Nacional, siendo su legitimidad, pues, anterior a la aprobación de la Carta Magna. Por el contrario, la legitimidad jurídica del futuro Felipe VI descansará en su compromiso de cumplir y hacer cumplir la Constitución democrática. Por otro lado, el nuevo rey, carecerá de la legitimidad de ejercicio ante los no monárquicos de la que sí dispone su padre, labrada durante los años de la Transición y confirmada durante la larga noche del 23-F. Por tanto, ahora que el régimen forjado entre 1976 y 1978 se descompone por la acción de los nacionalismos periféricos y por el crecimiento descontrolado del Estado autonómico, y cuando la Constitución no es más que papel mojado, sólo cabe ser pesimista acerca del futuro de la Monarquía en España.

El Príncipe de Asturias vivió la crisis desencadenada por el golpe de Estado perpetrado por Armada, Tejero y Milans del Bosch muy de cerca, al lado del rey. Su formación académica y militar es impecable y hasta ahora ha cumplido su misión institucional con acierto y gran sentido de la responsabilidad. Pero es un hombre “de su tiempo”, que se ha criado en democracia y que parece haber asumido al menos parte del ideario progresista extendido como una mancha de aceite por la sociedad española y las instituciones del Estado. Así, contrajo matrimonio en 2004 con una mujer ajena a la realeza, divorciada e hija de padres divorciados. Un enlace sencillamente impensable diez años antes (recuérdese la controversia que suscitó su relación con la aristócrata Isabel Sartorius) y que con el precedente de los escándalos en la Familia Real británica resultaba, cuando menos, arriesgado.  La opinión pública aceptó y aplaudió, sin embargo, de forma casi unánime la elección de don Felipe. Vistos retrospectivamente, resultan patéticos los intentos de monárquicos juancarlistas como José Luis de Vilallonga por desacreditar a Alfonso de Borbón Dampierre, incluso después de que éste hubiera reconocida a su primo como rey, arguyendo que el duque de Cádiz había nacido en el seno de un matrimonio morganático. Con este criterio, los nietos de Juan Carlos I deberían quedar apartados de la sucesión por los matrimonios desiguales tanto del Príncipe como de las infantas Elena y Cristina, pero nada semejante se ha planteado, antes al contrario, las reformas propuestas van dirigidas a despojar a la Institución de todo aquello que la hace excepcional.

Efectivamente, inmediatamente después de nacer su primogénita, la infanta Leonor, don Felipe manifestó ante los medios de comunicación su deseo que la Constitución se reformara para suprimir la prelación del varón sobre la mujer en el orden sucesorio, consagrada por las Partidas de Alfonso X en el siglo XIII, aduciendo que se trataba de una reivindicación del conjunto de la sociedad española. Una aseveración que invita a pensar que el Príncipe, imbuido de progresismo, modernismo (¿o quizá posmodernismo?) y afán de supervivencia es partidario de “aproximar” todavía más la institución monárquica al pueblo, poniéndola al día y purgándola de todos sus supuestos resabios arcaizantes. Es decir, sólo es posible preservar la Monarquía del avance imparable del democratismo  (la democracia entendida como proyecto y finalidad última del género humano), que amenaza con destruir todas las instituciones de corte aristocrático, mediante la “democratización” de la Monarquía. Dicha democratización no supone recuperar la monarquía electiva de visigodos o polacos sino la homologación de la Corona a las instituciones del Estado liberal, esto es, convertir la monarquía parlamentaria en una república “coronada”. Semejante reforma constituye un error de dimensiones mayúsculas. La modernización que se ha operado en la Institución en los últimos 35 años, y que tendrá continuidad sin duda en el reinado de Felipe VI, parece haber resultado un éxito, pero sólo ha sido posible gracias al respaldo casi unánime con el que cuenta don Juan Carlos (y la Reina). Devendría con toda seguridad en contraproducente al acceder al Trono un rey carente de la legitimidad de ejercicio ante los  numerosísimos no monárquicos o monárquicos accidentales. La Corona aparecería entonces como una institución declinante y obsoleta, que cumplió la misión de traer a España la democracia, pero que consolidada ésta, ya no resulta necesaria.  Para empeorar las cosas, la evolución del régimen en sentido federal y la más que probable proliferación de estatutos de autonomía soberanistas inspirados en el de Cataluña dañarían irreparablemente la imagen del Felipe VI como símbolo y permanencia del Estado y le enajenarían el apoyo de conservadores e incluso de los monárquicos más enragés.

En 1980 don Juan Carlos confesó a Ricardo de la Cierva, a la sazón ministro de Cultura, que él jamás cometería el error de su abuelo y que sólo le sacarían de España con los pies por delante. Está por ver que don Felipe muestre una determinación semejante por salvar algo, la Corona, que no le pertenecerá a él sino a su estirpe.

  13 comments for “El futuro de la Monarquía en España

  1. Ramiro
    23/07/2010 at 12:50

    Sólo con ver que en la primera línea te refieres a Juan Carlos como Su Majestad el Rey, me da una idea de por dónde van los tiros…

  2. Christian
    23/07/2010 at 14:49

    Por mucho que algunos iluminados pensemos que quedan pocos monárquicos, la realidad es bastante distinta. España está llena de monárquicos, sobre todo en Andalucía y Madrid, que darían su vida por el Rey, la Reina y por supuesto, por el futuro Felipe VI.

    Tampoco hace falta mencionar la fidelidad del ejército, pues yo mismo he comprobado cómo apáticos amigos sin ideales ni trabajo, acabaron siendo patrióticos y monárquicos hasta la muerte tras pasar sólo 2 años en el Ejército o la Armada Española.

    Por otro lado hay que recordar que la República de Francia es más costosa que la Monarquía española, y que ésta última es a día de hoy estudiada en muchos otros países como ejemplo de Monarquía Moderna, en el sentido de adaptación a la democracia en todos los sentidos.

    Yo mismo seré español con Monarquía o República, pero sinceramente me da pena acabar con la Monarquía, por mucho que haya odiado hasta la saciedad a reyes como Fernando VII y Carlos IV.

    España CAMPEONA DEL MUNDO.

  3. Christian
    23/07/2010 at 14:53

    Ramiro también sabemos de qué palo vas tú… no te escondas mamarracho, saca tus colores de pasionaria!

  4. curro santa olalla
    26/07/2010 at 00:25

    ajaja ramiro. Para una vez que te metes y es para criticar. desde aquí le pido al autor que se dirija al rey como carlitos, o Juancar en próximos artículos

  5. curro santa olalla
    26/07/2010 at 00:26

    Por cierto a mi el artículo me ha gustado mucho. Buena pulla que le metes al villalonga, se lo merece.

  6. curro santa olalla
    26/07/2010 at 00:27

    vilallonga perdón

  7. Luisel
    31/07/2010 at 13:39

    Yo de mayor quiero ser Rey. ¿Qué hay que estudiar para eso?

  8. xandre
    03/08/2010 at 14:39

    Sálvenos, oh futuro monarca, de los separatistas que buscan el federalismo como paso previo para la ruptura de nuestro nación. Abracemos al próximo rey moderno que aspira a trono y cetro para sus hijas, rompiendo los cánones establecidos de una institución antidiluviana que sigue jurando ante símbolos religiosos y exigiendo reverencia. Apoyemos las tetas y el mentón operado de su consorte gracias al dinero de los más de 4 millones de parados españoles, al menos tiene glamour sin ser la espaguetti modelo-cantante de tres al cuarto que gobierna en Francia, aunque sea mujer de alguien elegido por votos.
    Suyos son los valores correctos y ellos los imponen, el resto sólo ratitas que no debemos mostrar nuestras ideas republicanas, porque éstas sólo traen a rojos derramando sangre de españoles de bien.
    Y todo pese a los desfalcos inmobiliarios y armamentísticos con Kuwait y los De la Rosa en los años 80-90; pese a la nebulosa no clarificada sobre el 23-F, el rey por supuesto no sabía nada aunque su tutor y amigo íntimo era uno de los ejecutores; pese a los putiferios con Bárbara Rey y las que han venido detrás compartiendo mesa y cama con el demócrata y tolerante rey de Arabia Saudí en sus vacaciones de Marbella; pese a que las hermanas del rey, ¿quiénes son?, o las de leticia viven de mis impuestos de mileurista…. Lo de menos son los centenares de millones derramados en sus bolsillos en medio de la crisis, porque como sabemos las autonomías son las que nos arruinan.

    • quemasda
      09/08/2010 at 19:49

      Se dice “antediluviano”. ;P

      antediluviano, na.
      (De ante- y diluviano).
      1. adj. Anterior al Diluvio universal.
      2. adj. antiquísimo.

      Por lo demás… gran comentario!

  9. xandre
    03/08/2010 at 14:46

    Por cierto, hay rumores que apuntan a una situación verdaderamente complicada en la salud de Juancar y por eso el silencio informativo desde su operación en Barcelona, ocultada en un principio a los medios de comunicación, y su no presencia en todos los actos que ha habido. El no participar en su regatita de Mallorca es entendible por su edad, pero ni siquiera estar presente en alguna recepción o inauguración. Hay rumores que apuntan que no llega a Navidades, es bueno recordar que su padre murió de cáncer, y no estoy trasmitiendo mis pensamientos ni deseos. Sólo que como periodistas nuestra labor es dudar de la versión oficial

    • ibicenco
      07/08/2010 at 11:50

      Parece que le queda poco al bueno de Juancar

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