Historia de un golpista de pueblo

Armando Álvarez Estrada fue un monárquico asturiano de buen vestir y vicios curiosos. Era un conspicuo revolucionario cuya vida viró entre la locura y la depresión. La suerte a veces acompaña a los locos y Armando cada día estuvo más “loco”.  Sin embargo, la suerte no siempre le acompañó.

Nacido en el s.  XIX en una familia bien situada en su pueblo natal  de Asturias,  Grado. Cuentan que era un dandi en el vestir y que siempre portaba tres armas. Un revólver eibarrés de siete balas, un bastón con sable en su interior, y un “gomeru” o tirachinas, éste lo utilizaba para espantar a los perros que se le acercaban. Sus vicios más conocidos eran las apuestas  y el alcohol. Los más tardíos las monjas.

Poco puedo contar de su vida de adolescencia pero mucho de su madurez. El episodio más notable tuvo lugar en la segunda mitad de la II República española. En enero del 36 ganó las elecciones generales el Frente Popular, agrupación de izquierdas cercana al comunismo, las “hordas rojas” que llamarían los asturianos de derechas de la época.

Pues bien, un mes después,  en febrero del 36,  con tan sólo un par de copas encima Armando se encontraba en una tertulia en el casino, una pequeña camarilla lo rodeaba, y entre copas y espadas decidieron adelantarse a Franco. Un grupo de envalentonados y románticos monarquicos se dirigió al Ayuntamiento de Grado en donde se estaba celebrando un pleno. El tal Armando a la cabeza, con revolver en una mano y sable en la otra fue el  cabecilla de un golpe de “pueblo” y reinstauró la monarquía de Alfonso XIII y la Dictadura de Miguel Primo de Rivera. Encerró en el calabozo a todo el cuerpo funcionarial empezando por el alcalde y  siguiendo  por los concejales. Arrió la bandera republicana y subió la monárquica. Y a continuación, se encontró con sed, así que decidió volver al casino. Quizás a planificar como volver a restablecer el orden en todo el estado, o puede que simplemente quisiese beber un orujo.

Al día siguiente llegó la policía gubernativa al pueblo y lo enviaron junto a sus cinco compinches al calabozo en Oviedo. 4 meses después la historia es sabida, Franco dio un golpe de estado, se inició una guerra civil y Oviedo fue del bando azul, el lado franquista.

Así, Armando salió de la cárcel con una posición reputada, casi podríamos decir que con un estatus de héroe. Sin embargo, la guerra terminó y Franco cerró los casinos. Lo que parecía un golpe de estado por la instauración de la monarquía se convirtió en una dictadura pseudo falangista con  aires cristianos  y  conservadores que oprimía al libre pensador. Armando entró en un círculo vicioso que le hizo arruinarse y perder toda su fortuna, la de su mujer y la de su familia. Le expropiaron terrenos, le fueron mal los negocios y aún peor las apuestas, aunque  seguía conspirando desde su silla en el bar  del pueblo…

Un día de verano su hermano mayor lo fue a ver. Empezó a echarle reprimendas por todo el mal que estaba  causando  a  su  familia, por su ritmo y forma de vida. Armando amenazó con suicidarse y su hermano le dijo que posiblemente,  eso era  lo mejor  que podía  hacer. El susodicho no lo pensó dos veces, fue al baño agarró su revólver y se pegó un tiro en la cabeza.

Y como el destino es caprichoso, ocho días después estaba en el Sanatorio Miñor, propiedad de unos parientes, con una venda en la cabeza y más loco que nunca. Dícese que corría por los pasillos descalzo, con una bata de paciente persiguiendo a las monjas para montarlas. Así estuvo durante unos meses hasta que se hizo invierno y cogió una pulmonía por andar descalzo, y murió de pulmonía. Su epitafio dice así: “Loco con soltura hasta la sepultura”.

  4 comments for “Historia de un golpista de pueblo

  1. dtordable
    30/07/2009 at 14:27

    Loco con soltura hasta la sepultura…ummmmm a ver… a quién se lo podríamos aplicar…

  2. Klaus
    31/07/2009 at 12:22

    Buen artículo, muy interesante.

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