Más allá de los estadios del Mundial

Dentro de unas horas, los setecientos treinta y seis mejores futbolistas del mundo se disputarán la Copa del Mundo en Sudáfrica. Miles de televisiones de todas las nacionalidades se desplazarán a las diez sedes de la competición, atrayendo por una vez, y estamos seguros que no servirá de precedente, la atracción internacional a África. Es casi tópico hablar de este continente como el gran olvidado y es sencillo caer en visiones apocalípticas o estereotipadas a la hora de analizar sus noticias y sus realidades. África puede no ocupar portadas, pese a los más de 600 muertos en la guerra de Darfur sólo en el mes de mayo, a las múltiples convulsiones políticas y religiosas, la alarmante incidencia del SIDA y otras enfermedades ya erradicadas en Occidente.

El continente acoge a más de 800 millones de personas, 53 países, dos centenares de religiones y cultos diversos, varios millares de etnias y grupos sociales, y todo tipo de sistemas o infrasistemas políticos. En África coexisten trece colonias europeas, seis territorios no reconocidos, cuarenta y una repúblicas presidencialistas o parlamentarias que oscilan entre la consolidada democracia maliense hasta los autoritarios gobiernos de Egipto, Nigeria o Zimbabwe, ocho dictaduras abiertamente reconocidas como Guinea Ecuatorial, Sudán o Togo, dos monarquías absolutas, entre las que se cuenta la diminuta Swazilandia o el cercano Marruecos, y un estado sin ley como Somalia. El único denominador común de esta babel étnica, política y lingüistica parece ser la pobreza, la escasez de iniciativas económicas y la fragilidad de las libertades fundamentales.

Tras el jolgorio de las gradas de los modernos estadios construidos a toda prisa antes de la cita, aguarda un país casi desconocido. Sudáfrica, más allá del apartheid, los townsvilles y el folclore zulú, esconde la compleja realidad social de un estado que no ha conseguido cerrar de todo sus viejas divisiones antes de afrontar los problemas sociales que agitan a todo el continente. La nación unida en su diversidad, como proclaman su himno y bandera, sufre un elevado nivel de pobreza y analfabetismo, escasez de oportunidades laborales y una alta criminalidad que corona a Johannesburgo como la ciudad más peligrosa del mundo. El actual presidente, Jacob Zuma, ha llegado a solicitar a la población que se comporte durante el campeonato, mostrando su falta de confianza en sus mecanismos de seguridad y en sus propios conciudadanos.

La brecha social continúa pese a los gobiernos del Congreso Nacional Africano, incapaz de paliar la fuga de profesionales al extranjero y más preocupado, por lo menos en lo que respecta a Zuma, de su imagen, su harén y su fortuna que en mantener vivo el espíritu de desarrollo y concordia establecido por Nelson Mandela. Ya no es 1995 en el país de los diamantes y las chozas de Soweto aún dan cobijo a los mismos habitantes que durante de la dictadura racista. Sudáfrica aparece como un país adormecido en la autocomplacencia de su exitosa transición pacífica en el que empiezan a hacer mella los males tradicionales del tercer mundo, la corrupción, la incompetencia y la decadencia económica. El ametrallamiento de la selección togolesa en Angola el año pasado y la avalancha en uno de los partidos preparatorios sirven de advertencia.

Lejos del debate veladamente paternalista sobre si Sudáfrica está preparada para organizar un evento deportivo de dimensión internacional, cabe preguntarse qué parte de la riqueza que el Mundial genere permanecerá en el país y si esta cita servirá para algo más que como escaparate para figuras del fútbol y solaz de miles de espectadores despreocupados. Por una vez, África será noticia sin necesidad de que muera nadie, aunque nada ni nadie puede garantizar que será así. Queda por descubrir, al margen de quién se llevará la Copa del Mundo, si las esperanzas que ha generado este acontecimiento mundial valen lo mismo que las promesas de los políticos de aquí y de allí.

  4 comments for “Más allá de los estadios del Mundial

  1. Jaime Guisasola
    08/06/2010 at 13:38

    Si que es cierto que Africa es el continente olvidado. Ya haremos uso de algunas estadísticas del banco mundial para resaltarlo y así aportar nuestro granito de arena a fomentar la memoria de los vivos….

  2. Daniel Tordable
    08/06/2010 at 19:41

    En 1995 cambió el panorama surafricano tras el mundial de rugby, que además vencieron los Sprinbros imponiéndose heroicamente a los All Blacks neozelandeses en el mítico Ellis Park de Johanesburgo. El Mundial 2010, como todos los eventos deportivos repartidos a dedo por las multinacionales (llámeses mundial u olimpiada) viene a premiar a la población negra del país, mucho más futbolera que los seguidores del rugby, pro bóers. No cabe duda de que el país que reconcilió Mandela debe aprovechar su oportunidad para crecer y desarrollarse, aunque tristemente las desigualdades tan notables seguirán existiendo y los barrios de chavolas seguirán existiendo con los rascacielos de Ciudad del Cabo, Bloemfotaine, Pretoria, Durban Kimberley o Por Elisabeth.
    Me ha gustado mucho el artículo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *