Futbol

La estrategia de Villar

Ángel María Villar dio el pasado miércoles, en el estadio lisboeta de La Luz, un paso más en su estrategia milimétrica que día a día le acerca a donde ni el mismo se imaginaba hace algún tiempo: la presidencia de la FIFA. Ni siquiera el severo correctivo que recibió ‘la roja’ a manos de los lusos borró un ápice la sonrisa interna de un directivo cuyos pensamientos estaban muy lejos de lo que sucedía a sus pies.

Porque, que nadie se lleve a engaño, el verdadero encuentro amistoso no se disputó entre Portugal y España sobre el césped del estadio capitalino, sino unos metros más arriba, concretamente en el palco, y entre los representante de ambas federaciones con el señor Villar, como no podía ser de otra manera, a la cabeza.

El presidente de la Federación Española de Fútbol al que, haciendo uso del ingenio de Pedro J. Ramírez en su día a la hora de mentar al Felipe González, podríamos llamar el ‘inquilino de Las Rozas’ tras 22 años ocupando su puesto, sabe que si crecen las posibilidades de que España y Portugal alberguen el Mundial de 2018 también lo hacen también las suyas de sustituir a Blatter al frente del máximo organismo de fútbol mundial.

El éxito de la candidatura ibérica, que conoceremos en menos de dos semanas, supondría el espaldarazo definitivo para un Villar muy cercano al ala conservadora de Blatter y, por lo tanto, alejado de el otro hombre fuerte del fútbol, el presidente de la UEFA Michel Platini.

A nadie se le escapa que Portugal no tiene capacidad para organizar una Copa Mundial de fútbol, mientras que España ya ha albergado una, por lo que no necesita de nadie para repetir. Villar le tiende una mano al vecino luso y le ofrece un caramelo que ni se podía imaginar, menos después de organizar en 2002 una Eurocopa de Naciones.

En este punto es cuando el lobby de Ángel María Villar se pone manos a la obra. La ecuación es sencilla: Le digo a los portugueses que organizamos un Mundial (por supuesto la final en España); ellos se emocionan y dicen que sí sin restricciones; la UEFA les pone mala cara porque ya tuvieron su gran cita hace 8 años lo que les une más a mí; como Blatter es mi amigo consigo apoyos y gano la votación; los portugueses no se lo pueden creer y le dicen a los brasileños (primos hermanos y federación de mucho peso) que soy fantástico y que me apoyen en todo lo que yo quiera); los brasileños ya tienen su Mundial (2014) así que no pierden nada; y el resto de apoyos en Sudamérica ya los tengo atados gracias a la cultura e idioma común. Conclusión, cuando Blatter deje paso (dentro de no mucho) ahí está Villar para ocupar su lugar.

Y por si fuera poco Villar cuenta con algo muy importante, la suerte. Porque este maquiavélico plan no tiene más de dos o tres años. Concretamente a raíz de que España ganara la Eurocopa. Meses antes el presidente pasa uno de sus peores momentos al frente de la Federación. Pero entonces llegan el triunfo en Austria y Suiza encadenado con el de Sudáfrica, procurado a Villar una magnitud que necesitaba a nivel internacional y que, si España y Portugal organizan el Mundial de 2018, ya no le abandonará en su escalada a lo más alto.


Los políticos nos dejan sin fútbol y conciertos

Cada vez falta menos para un momento clave en el calendario de conciertos en el panorama europeo: la llegada de la gira de Arcade Fire. Finalmente serán dos y no tres las ciudades ibéricas que visitará la banda canadiense: Madrid y Barcelona. Hace pocos días el representante del grupo, Scott Rodger, anunció la cancelación de la actuación de Arcade Fire en Lisboa, la capital de Portugal. ¿El motivo? La coincidencia en día y lugar con la cumbre de la OTAN que tendrá lugar en la urbe lusitana en esa fecha. El término empleado por la organización defensiva de los países del Atlántico Norte, es “preocupaciones de seguridad”.
Esto me trae a la cabeza dos cuestiones: la suerte que tengo por poseer una entrada para el concierto de Madrid, y la cancelación de eventos que gustan a la ciudadanía por “motivos de seguridad”. Recientemente hemos asistido estupefactos a un baile de fechas para un gran acontecimiento, el clásico FC Barcelona-Real Madrid. El 29-N era el día designado para la disputa de este encuentro, pero al coincidir con las elecciones autonómicas de Cataluña, se ha tratado de cambiarlo, esgrimiendo “preocupaciones de seguridad”. No sé hasta qué punto supone un extraordinario y quasi inasumible despliegue de cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado el garantizar la seguridad de un gran evento multitudinario. Seguro que menos efectivos que para las cumbres del G-20, reuniones de la UE, firma de tratados y protocolos o visitas oficiales. El sábado pasado estuvo el Papa en Barcelona y sacaron a los aprendices de mossos de esquadra a las calles; no pasó nada. Las ciudades europeas, grandes metrópolis o que presumen de ello, ciudades como Londres, Roma, Berlín, París, Lisboa, Madrid o Barcelona, están suficientemente capacitadas para albergar, simultáneamente, grandes acontecimientos. Poseen pabellones, buenos sistemas de transporte y comunicaciones y lo más importante, están acostumbradas a que se celebren en ellas y pugnan por organizarlos. Suponen mucho dinero para las arcas públicas y privadas. Así que apuesto a que ciudades como Lisboa, no deberían tener ningún problema porque los Arcade Fire toquen a la vez que transcurre una cumbre de la OTAN o en el Camp Nou barcelonés, Messi y Cristiano Ronaldo midan sus habilidades futbolísticas y los dos equipos más grandes del planeta se batan en duelo de estilos y formas de concebir el fútbol una vez que los catalanes hayan ejercido su derecho al voto en los comicios autonómicos. Y si no pregúntenle a la gente qué prefiere ver, si reuniones de políticos o los mejores espectáculos del mundo. Con lo  que a esta sociedad le gusta el opio. Y si no hay suficientes policías, que saquen a los militares de los cuarteles a velar por la seguridad.

En fin que ya se acerca el concierto de Arcade Fire, la banda de rock canadiense, en Madrid, en otra fecha también señalada, el 20-N; un día después llegarán a Barcelona. Esperemos que sea un éxito.

Y reapareció el barça

El FC Barcelona recuperó su mejor versión justo cuando más se dudaba de su fútbol.

Guardiola alineó al teórico 11 de gala y sus jugadores salieron enchufados desde el arranque del encuentro.

En los 10 primeros minutos, el conjunto catalán había generado hasta 4 ocasiones claras de gol. Pero el que dio primero fue el Panathinaikos, después de un saque en largo del guardameta, un sutil toque con el tacón de Cissé y Sidney Govou, con un disparo cruzado, batió a Valdés.

Pero el barça no desistió, continuó fiel a ese estilo que es la envidia del mundo del fútbol, y a la jugada siguiente apareció la conexión Xavi-Messi (cuántas veces hemos visto ese pase del de Terrasa al argentino). Gol, empate. Todo el mundo ya daba por hecho que el barça remontaría.

Y lo hizo con otro tanto de Villa después de que Busquets peinara un córner. Jugada clásica de Pep. El asturiano, falto todavía de ritmo y de adapatación, suple esos problemas con goles, manteniendo ese olfato y el idilio con el cuero. Sale a gol por partido el Guaje con el barça.

El que golea es Messi, ya que volvió a a anotar, falló un penalty que el mismo provocó, y asistió sin querer a Pedro tras un disparo de pícaro que dio hasta dos veces en los postes. Lo de Messi es espectacular. No deja de pulverizar récords, ahora tiene en mente el de ser el primero en lograr 3 pichichis de la Champions consecutivo. Y ya es el máximo goleador azulgrana en la historia de la Champions. No me cabe duda de que si el equipo mantiene la línea y sigue logrando títulos y Lio consigue levantar algo con la albiceleste, la Pulga va a ser el mejor de la historia. Y decir eso a su edad es mucho decir.

Y aún quedaba tiempo para el golito de Dani Alves, demostrando el brasileño que es imprescindible y que no hay lateral en el mundo que le pueda hacer sombra. Tampoco muchos extremos.

Carta de Ronaldinho a la afición culé

Según publica el astro brasileño Ronaldinho Gaúcho, en su misiva a los barcelonistas, los momentos que vivió en sus 5 años como culé fueron los mejores de su vida deportiva y extradeportiva. Como aficionado al fútbol, tengo que darle las gracias a Ronnie por hacerme vibrar con las más espectaculares acciones que he visto en un terreno de juego. Tuve la suerte de presenciar en vivo varios encuentros suyos, que pasarán a la historia del fútbol mundial.

Mis mayores me contaban historias de cómo era Pelé, Di Stéfano o Cruyff. Yo les contaré a mis nietos que ví a Ronaldinho. El mejor jugador de su época, el más espectacular e imprevisible de la historia, y el que cambió la dinámica de un club como el Barcelona, para convertirlo en el mejor de mundo en la actualidad. Gracias Ronaldinho.

A continuación el texto completo con las palabras de Ronaldinho Gaúcho:

“Como todos sabéis, no tengo por costumbre hablar mucho y tampoco me gustan las despedidas, pero quiero aprovechar esta ocasión para agradecerles todo lo que vivimos juntos a lo largo de las cinco temporadas que estuve defendiendo la camiseta del FC Barcelona. Seguramente fueron los mejores años de mi vida profesional y personal. Creo sinceramente que disfrutamos mucho durante el tiempo en que estuvimos juntos.

No me gustan las despedidas, prefiero pensar que éste va a ser un reencuentro entre amigos y, porqué no, el reencuentro de una vieja amistad y de una antigua relación.

Volver al Camp Nou es muy especial para mí. Siempre será uno de mis estadios de futbol preferidos, donde disfruté muchísimo y creo hice disfrutar a todos los culés.

Un abrazo muy sincero a todos los barcelonistas y, en especial, uno a Sandro Rosell.

Ronaldinho.”

Supercopa sin campeones

Es curioso como dos jugadores que están, según los medios de comunicación, a punto de marcharse de sus clubes fueron los que inauguraron el marcador. Ibrahimovic y Luis Fabiano demostraron una vez más en este partido que son excepcionales delanteros y que Sevilla y Barça deben hacer más por retenerlos. Si hay una palabra que resuma el fútbol esa es el gol y ambos son sinónimos de ella.

El barça demostró en la primera mitad que su idea de juego y su estilo están definidos a la perfección. Mareó al Sevilla con su juego combinativo y se adelantó en el marcador. Pasado el descanso la tortilla se dio la vuelta y fue el Sevilla, arropado por su inagotable afición, el que dispuso de las mejores ocasiiones. El incombustible Kanouté, con dos tantos más, certificó la victoria hispalense.

La vuelta en el Camp Nou será bien distinta. Cualquier equipo sufre si no alinea a Xavi, Iniesta, Busquets, Valdés o Villa, Estaban Alves, Ibra o Messi, el Balón de Oro y Fifa World Player No hayque justificarse, sino demostrar en el Camp Nou con ellos en el campo que el barça es superior debe alzar la Supercopa.

Estoy un poco preocupado con Guardiola. Creo que no piensa con claridad. Hace cosas raras. Confía demasiado en gente sin experiencia y coloca a jugadores fuera de su sitio habitual. Estoy seguro que Jeffrén lo haría mejor en el extremo que Maxwell, y que Adriano ante su ex equipo habría dado más que otro. En fin, son sólo cosas que me pasan por la cabeza. Guardiola tiene todo mi crédito y mi respeto. Pero cuando se equivoca conviene recordárselo.

Por cierto creo que actitudes como la del portero sevillista Palop deberían ser sancionadas con dureza. No se puede simular una agresión y menos aún de un ex compañero. Demuestra no saber ganar y poca ética.

España fue la mejor pese a quien pese

Siempre hay ocasiones en que algunos contrincantes no son capaces de aceptar la derrota. Así lo demostró hoy Franz Beckenbauer en un artículo de opinión en La Vanguardia titulado, Un merecido campeón, en donde escribía lo siguiente en relación a la victoria de España:

A pesar de mi preocupación por su poca eficacia de cara al gol, España es un merecido campeón del mundo. Aunque los holandeses exportaron a España el concepto de la posesión de la pelota. Rinus Michels, Johan Cruyff y el técnico del Bayern, Louis Van Gaal, fueron grandes entrenadores holandeses que, sobre todo en el Barcelona, enseñaron ese tipo de futbol.

Sin embargo, los holandeses tenían el mejor ataque con Robben, Van Persie y Kuyt y con Sneijder por detrás. Pero Casillas tuvo de nuevo en el marco español un día brillante. Y los españoles fueron colectivamente más fuertes. Cuanto más duraba el partido, más salían a relucir sus cualidades técnicas. Igual que en la segunda parte de la semifinal contra Alemania. Los alemanes cayeron al final a causa de su jovven estilo. Cuando se tiene poca experiencia, se juega de manera titubeante.

Y esto lo escribe un representante de la FIFA sin ni siquiera mencionar que los nuestros ganaron siendo los más limpios, y a la vez, siendo los más guerreros en el campo de juego. Lo escribe una vieja gloria alemana desde el dolor patrio que tuvo que sufrir al ver morder el polvo a su país frente a los nuestros. Lo siento mucho Beckenbauer pero te has colado. España ha tenido al mejor portero, la mejor defensa, el mejor centro del campo y la mejor delantera.

Aunque el asunto no acaba aquí, en otro artículo escrito en el Financial Times titulado Los cerdos también pueden volar se escribía lo siguiente:

Mientras en términos económicos España estaba despistada por las críticas recibidas por ser uno de los “PIGS”, revolcándose por la ciénaga. En el campo, la roja jugó con un estilo que fue un crédito para su país. Los problemas previos de individualismo con los que el equipo se tuvo que enfrentar fueron dejados atrás y el equipo fue capaz de moldear a sus increibles talentos en un colectivo real. Los españoles reconocen a sus jugadores como gente normal  en lugar de como superestrellas desproporcionadamente pagadas.

El futbol ha revivido un orgullo de los españoles hacia su bandera que ni siquiera los 30 años de progreso democrático han conseguido reavivar de la misma manera. El domingo los españoles fueron de nuevo “los prusianos del sur”, tal y como fueron llamados en la UE a finales de los 80 y principios de los 90. Bien organizados y trabajando duro para lograr un objetivo común. [...]

[refiriendose a la crisis] El público sabe que ciertas medidas de contingencia son inevitables aunque duelan. El triunfo en el campo de juego ayudará a la gente a afrontar sus problemas de forma más optimista. Después de todo la selección española perdió su primer partido pero logró el triunfo. La lección que los españoles han tomado en su corazón es que no importa lo difícil que parezca un desafío todo lo que tienes que hacer para conseguir la tierra pormetida es perseverar. Los cerdos también pueden volar.

Tengo que reconocer que el Financial Times ha sido mucho más comedido que la estrella alemana pero quizás se olviden de que las finanzas del Reino Unido se encuentran en una situación pésima, con un déficit público y unos costes laborales superiores a los nuestros. En cualquier caso, no me gusta que nos llamen los prusianos del sur, somos los españoles de siempre, los que dominaron el mundo, los campeones del mundo. Viva España.

El Balón de Oro FIFA

Creo que es una decisión lógica. La fusión de los dos galardones individuales más prestigiosos del fútbol ya es una realidad. El Balón de Oro y el Fifa World Player se convierten en el Balón de Oro FIFA, tras el acuerdo firmado en Johanesburgo entre el más alto estamento deportivo y la editorial de la revista France Football.
Con este matrimonio se crea un premio justo y que, a buen seguro, se concederá al jugador que haya demostrado ser el Número 1.
Desde luego el Balón de Oro es el galardón más prestigioso de los dos. La revista gala France Football creó el premio en 1956 y tiene poder de decisión 96 de sus corresponsales. Por veteranía y trayectoria, es el que todo futbolista ansía ganar.
En los últimos años ha crecido el interés por el Fifa World Player, que lo eligen los seleccionadores y capitanes de las federaciones que integran la Fifa. Por el hecho de que lo dirimen jugadores en activo y entrenadores, se considera de mayor relevancia.
La unión de ambos crea un reconocimiento a la figura del mejor futbolista del mundo, sin discusiones. Podrá haberlas sobre Messi o Cristiano, Xavi o Iniesta, Villa o Robben, Sneijder o Ronaldinho, pero lo que no cabe duda es que será el único crack designado como el mejor del fútbol.
El 11 de Enero conoceremos la decisión.
Hasta entonces, ¿quién crees que merece el Balón de Oro Fifa? Está claro que el que gane el mundial, tiene muchas papeletas, y en ese grupo están: Villa, Iniesta, Xavi, Forlán, Robben, Swensteinger y Sneijder, es decir, 4 españoles, 4 que juegan en España, dos que lo han hecho y uno que suena para venir. Para que luego digan de la Premier inglesa frente a la Liga española.

Hay que destacar que en los 5 últimos años, los ganadores del Fifa World Player y del Balón de Oro han coincidido:

Ronaldinho

Cannavaro

Kaka

Cristiano Ronaldo

Messi

El Factor Humano, de John Carlin

Hubo un hombre que se propuso conquistar a sus enemigos gracias al perdón y al tesón. Gracias a ese esfuerzo, casi sobrehumano, consiguió llevar a cabo algo que parecía irrealizable: la reconciliación de dos mundos opuestos y enfrentados pero que compartían el mismo territorio. Su nombre es Nelson Mandela y su país se llama Sudáfrica.

El periodista y escritor John Carlin relata con maestría y agilidad la historia de cómo un hombre fue capaz de cambiar el rumbo de la historia y demostrar a propios y rivales (negros y blancos) que la única manera de hacer virar ese sentimiento mutuo de odio era dejando atrás el pasado y mirar con firmeza hacia el futuro, juntos.

En El Factor Humano, Carlin, que desempeñó su labor en el país más meridional de África para importantes rotativos durante los últimos años del apartheid, es capaz de resumir y hacer entender los entresijos del conflicto racial sudafricano en apenas 300 páginas.

Un magnífico relato de alguien que conoce de verdad el problema y que lo vivió in situ. Posteriormente se filmó la película Invictus, con Morgan Freeman y Matt Damon y que pone imágenes al sensacional libro de Carlin; autor, por otra parte, de la magnífica columna deportiva “El Córner inglés”, en el diario El País.

La figura de Mandela, obviamente, es esencial. Él fue el primero en perdonar a sus carceleros. Fue capaz de encandilar a toda una nación, y alcanzar una paz social que terminaría con la celebración de las primeras elecciones sudafricanas bajo el criterio de “un hombre, un voto”. Frente a las consignas del partido radical negro de “un granjero, una bala”.

Y lo hizo después de 23 años en la cárcel de Robben Island, frente a la hermosa Ciudad del Cabo, una de las sedes principales del Mundial de fútbol de 2010. Mandela se sirvió del deporte, esa actividad considerada por algunos como banal y opiácea, pero que posee la capacidad única de unir y desunir, de generar sentimientos y de sacar lo mejor y lo peor del ser humano, para unificar su país.

En 1995 fue el rugby, ese “deporte de hooligans disputado por caballeros”, el que fue capaz de aglutinar todas las emociones de blancos y negros para huir del pasado y afrontar una nueva era de esperanza.

15 años después, es el fútbol, ese “deporte de caballeros jugado por hooligans”, el que tiene la ocasión de terminar de levantar la sociedad sudafricana, después de que el rugby cimentara esa unión.

En efecto, el rugby es el deporte de los blancos en Sudáfrica. Es prácticamente una religión para los afrikáners, los descendientes de los holandeses, el sector de los blancos más importante y que manejaban el poder en la Sudáfrica del apartheid. Los afrikáners amaban a los Springboks, el equipo nacional de rugby, casi tanto como profesaban odio a los negros.

La gente de color en Sudáfrica adoraba el fútbol y detestaba el rugby. Es por ello que este es su mundial, “el mundial de los negros”. La gran fiesta del fútbol que la Fifa organiza cada 4 años debe servir de culminación del proyecto que arrancó en la figura de Nelson Mandela. Una idea que comenzó conquistando a los enemigos negros antes que a los hermanos blancos y que ha de servir de ejemplo al resto de conflictos, (ya sean de índole nacionalista, racial, social o religiosa), que acontecen el el mundo, algunos de ellos, bien cercanos.

Los problemas de “La Roja”

¿Qué le ha pasado a la selección? Perdió el primer choque frente a la débil selección suiza. Un chasco para los aficionados, contagiados con el exceso de optimismo de la prensa deportiva.

El Inter de Milán mostró al mundo cómo vencer a un equipo que apuesta por la calidad y el toque, como el FC Barcelona. Suiza ha mostrado al resto de selecciones del Mundial de Sudáfrica, la vía para derrotar a España, el catenaccio, esa palabra que tanto odiamos los aficionados al fútbol.

España fue mejor en todos los aspectos del juego al combinado helvético salvo en uno, el gol, el más importante.

Todos confiamos en que España entre en los cruces, incluso que termine como primera de grupo (si vence los dos partidos) y ya de paso, evitar presumiblemente a Brasil en el encuentro de octavos de final.

¿Mala suerte? Puede ser. El fútbol, como la vida, a veces es injusto con los mejores. ¿Errores de los que no se habla? Los hubo, aunque ese afán por ensalzar lo nuestro, el evitar las críticas a lo patrio, como cuando se dice que Alonso o Gasol o Nadal no fallaron, simplemente “tuvieron mala suerte”.

A toro pasado, todos los análisis cobrar una sencillez mayor, en cualquier caso considero que hubo errores en el planteamiento del duelo, además de individuales.

Los jugadores del Real Madrid: Nadie duda de su valía, son cracks consagrados en el mundo de Europa. Xavi Alonso, Sergio Ramos e Iker Casillas son muy valiosos, pero fallaron estrepitosamente en su estreno. El centrocampista vasco genera muchos cambios de orientación, pero imprime un fútbol demasiado lento. La circulación del balón se ralentiza cuando el esférico pasa por los pies del tolosarra. La solución se llama un sólo mediocentro, error en este caso de Del Bosque, y el nombre es Sergio Busquets, que se complementa a la perfección con Xavi e Iniesta y cubre sus espaldas con maestría.

Sergio Ramos está acelerado y disperso. Su campaña con el Madrid ha sido notable, pero su incierta relación contractual con el club blanco (quién sabe si terminará en otro club) pesa mucho en el lateral sevillano.

El otro punto débil se llama Iker Casillas. No creo que, como apuntan los tabloides sensacionalistas ingleses, se descentre con su novia, la periodista de Telecinco Sara Carbonero. O igual si. Lo que es una realidad es que erró en la salida del gol suizo y que su momento de forma deja mucho que desear. La solución está en el banquillo y se llama Víctor Valdés. No sería el fin del mundo, aunque les pese a los madridistas, tristes y desplazados antes el peso y liderazgo de los futbolistas azulgrana en la selección española. Para que luego se hable de su falta de compromiso.

Lo cierto es que el barça es la columna vertebral de la selección. La pareja de centrales, los 3 centrocampistas y el 9 goleador. Además posee el revulsivo perfecto, Pedrito así que con Valdés se cerraría el círculo y las cosas irían mejor.

No hay que ser cobardes, es por el bien de España, abran la puerta a los culés, que ya han demostrado que son los mejores del mundo en su club. Dejen que lo hagan también en la Selección Nacional.

El mundo es un balón de fútbol

Es tan sólo una analogía de lo que desde hoy vive el planeta, convertido, durante el próximo mes, en un foco de atención mundial hacia Sudáfrica. Ese país que, paradojas del dichoso concepto global, fue durante años nefasto símbolo de la exclusión y el apartheid es, en este mes, el epicentro babeliano de la convivencia futbolística. Desde hoy Sudáfrica no será un país más, será la sede que entronará las miradas de millones de espectadores ávidos de inquietud, lo que en parte también le otorgará la posibilidad de conocer desde la propia experiencia si ha llegado el momento de gestar la reconciliación y romper profundamente con el pasado más reciente. Ese que aún sigue provocando la vergüenza de sus fagocitadores.

Porque un Mundial de fútbol no es un mero acontecimiento deportivo más. Logra conjugar todos los valores que actualmente emanan de la sociedad globalizada: elementos de participación multipolares pero a la vez configurados como cuerpos concretos y organizados en un entorno geográfico que desde hoy es Sudáfrica. Para catapultar esos valores, el balompié ha destacado como un actor de peso. Ha lanzado, quizás en su máxima exponencia, la globalización como un proceso necesario en el que participan valores clásicos como el esfuerzo, el sacrificio o la solidaridad, con piezas de nuestra era como la mercadotecnia, el marketing o Internet.

Sin embargo, el fútbol actual no se podría entender sin la pasión que desata. No es necesario vivir desde el olor que desprende el césped recién cortado, la emoción que emana en cada una de sus acciones. El fútbol es muy capaz de juntarnos a todos bajo el amparo de diversos sentimientos: felicidad, decepción, compasión, alegría, admiración. Pero también recoge la posibilidad de profundizar en lo artístico, en lo bello o en lo cruel. El fútbol, en definitiva, como un acompañante más de nuestras vidas, facilitadas en esta ocasión por el papel que la Era de la Información desempeña en nuestro bienestar.

Desde hoy, todos los aspectos que el fútbol trae consigo no son necesarios apreciarlos con un chut o recibiendo una entrada violenta. La aldea global nos permite ver los 64 partidos del Mundial sin poner un pie en el suelo o conocer las estadísticas más profundas de los casi 700 jugadores, protagonistas únicos de esta sátira del gol. Todo ello, bajo el auspicio de los burócratas del deporte que mantienen el statu quo del mismo bajo jugosos contratos con Adidas, Nike, Coca Cola o Mastercard, de un tiempo a esta parte, auténticos dirigentes del establishment deportivo del Siglo XXI.

Quizá por ello, y sólo quizás, muchos han identificado el fútbol como la nueva droga de una sociedad narcotizada. Como la excusa perfecta de una indolencia que nos paraliza en ocasiones. Y puede ser que no les falte razón, pero prefiero pensar que el balompié no nos aleja de lo que podemos ser o deseamos conseguir. Simplemente a través de él puedes alcanzar la felicidad que supone celebrar un tanto o conocer la decepción que surge tras caer eliminado, quién sabe, si de forma injusta.

Por eso prefiero admirar desde la emoción a los protagonistas que cabalgarán para la consecución de un título mundial, como siempre, muy cotizado por un ramillete de todopoderosas y maravillosas selecciones nacionales que aúnan en sus combinados a los mejores jugadores del mundo. En la actualidad cualquiera no puede ganar un Mundial. Es una gloria aguardada para quien sabe gestionar sus mejores recursos, aprovechar las vicisitudes que siempre le han engalanado y obtener esa pizca de suerte que en las grandes competiciones, uno necesita tener. Eso, y que sobre todo, el balón entre.

Porque me resisto a que otros me cuenten si el arquero levanta los puños tras una gran intervención, si el defensa no sabe celebrar el gol que ha marcado y al que no está  acostumbrado, si el medio sufre el desgaste de la presión o si el delantero llora cuando ha errado la oportunidad de pasar a la historia como el nuevo genio del fútbol mundial.

En esta parodia de la vida que a veces es el fútbol, España llega a Sudáfrica dispuesta a entronizarse como la nueva potencia mundial que nunca ha sido. Admirada por todos, y elevada por muchos, su fútbol no dista demasiado de lo coral, ha adquirido la madurez necesaria y conoce el éxito que la Eurocopa de Austria le otorgó. Además, posee un puñado de los mejores futbolistas planetarios, aquellos que sintonizan la mejor melodía con lo artístico de sus movimientos, jugadores que, como en el Barcelona a nivel de clubes, han conocido el valor de lo bello para dotar de mayor relevancia el precio del éxito. Quizás sólo la propia incógnita de la grandilocuencia española, puede triturar su sueño.

Pero si el escepticismo existe, es precisamente porque el fútbol merece de la desconfianza. También estará Brasil, y su medida capacidad de atribuirse la brillantez, aún cuando adolece de ella; Argentina, y la aptitud de su seleccionador para dejar que sean sus fabulosos atacantes quienes le vuelvan a permitir tocar el cielo. Pero que nadie se olvide de la Inglaterra de Capello, formada por conocedores perfectos de las directrices del fútbol británico y la herencia del feo ganador que les exige desde el banco, o de la Alemania del fútbol metalúrgico, el que nadie reconoce pero pocas veces uno sabe hipnotizar. Todo ello, unido a la contradicción que supone el fútbol italiano, enfrentado a la realidad estética de su nación, o a la incógnita que siempre supone el africano, ante la renaciente cultura del balompié en el continente negro.

Por eso mismo, desde hoy quiero ver a Messi gambetear con el balón cosido a su diminuto pie, mientras escupe rivales que penetran en su diagonal; o a Cristiano Ronaldo, correr como un patinador mientras carga su potencia ante el temor del portero; o a Xavi trazar la visión octogonal que planea en su superlativa concepción del juego. Y cómo perderse también a Robinho intentar infinitas filigranas circenses, al Rooney más asilvestrado buscando un gol o a la melena rubia de Forlán que sueña con el recuerdo de Alcides Ghiggia, y la gloria uruguaya.

Está claro entonces que la retina de la visión global estará instalada desde hoy en el reducto sureño de esa África que lucha por ser uno más, que anhela la posibilidad de avanzar en su autonomía, que quiere dejar de desangrarse económica, social y políticamente. Puede ser que a partir de ahora tenga su oportunidad. Hasta saberlo, sólo nos queda disfrutar de lo que comienza. Y eso es fútbol. Y es maravilloso.