España

El poder y sus perros

Doctrina Parot

El Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo

Tiempo hace que no me decidía a escribir. Entre el cambio de trabajo, de ciudad y de vida, no veía el momento oportuno de desfogarme con la pluma, pero la sociedad me reclama. La manipulación a la que nos vemos sometidos a diario es cada vez más exagerada y exasperante.

En este país nos encanta llenarnos la boca con palabras como Europa, Derechos Humanos, solidaridad, tolerancia y demás términos bien-quedas; pero cuando llega el momento en el que esas palabras nos sacan de nuestro espacio de seguridad, en el que nos obligan a pensar y reflexionar, nos pasamos estas buenas voluntades por el forro, y nos ponemos a despotricar sin conocimiento de causa.

Como habréis podido intuir, os voy a hablar de la controvertida sentencia de Estrasbugo, por la que multitud de presos que aún no han cumplido su condena van a abandonar las prisiones nacionales. ¡Ojo!, no han cumplido su condena, pero según nuestra legislación hace tiempo que deberían estar en la calle.

Esto es consecuencia de cómo hemos decidido organizar nuestro Estado de Derecho, de cuales queremos que sean los valores que rijan nuestra sociedad y de qué principios queremos que sean los que dirijan en los más profundo e íntimo de nuestra personalidad.

¿Queremos un Estado represor, autoritario, que base las normas de convivencia en el orden y la sumisión al poder? ,¿o queremos un Estado social, democrático y de derecho como indica nuestra Carta Magna?. Pues bien, el sistema penitenciario es una de las máximas expresiones del mismo, y si no está orientado a la reinserción del reo, lo que tendremos será una maquinaria represora y opresiva, devoradora de individuos.

No me considero con capacidad suficiente para poder interpretar las decisiones de juristas de la máxima consideración y respeto, ni quiero hacerlo, pero todo el mundo es libre de dar su opinión. Sin embargo, una opinión sin los más mínimos conocimientos al respecto me es tan útil como un tío en América (expresión anticuada donde las haya). Llevo una semana escuchando a gente cercana renegar de Europa, querer romper los tratados internacionales y abogar por la cadena perpetua y la pena capital. Gente humilde, sencilla y bienintencionada, que lo único que quiere es vivir en paz, y que con sus razonamientos manipulados no alcanzan a ver a dónde nos pueden llevar dichas consideraciones.

Pero claro, también llevo una semana viendo portadas tendenciosas hasta el ridículo, políticos irresponsables que ni acatan ni respetan las decisiones judiciales , tertulianos ignorantes y fanfarrones a los que por ganar cuatro perras les da igual desinformar y desestabilizar unas instituciones que ha costado mucho esfuerzo conseguir.

Ellos mismos se retratan.

Consideración aparte merecen las víctimas. Siempre han de ser escuchadas y tenidas en cuenta. Faltaría más. Pero no podemos dejar que se legisle a base de dolor y oportunismo político. Es lógico y normal que estas personas quieran una muerte agónica y atroz para los hijos de puta de los verdugos de sus padres, hijos y hermanos. Pero no podemos consentir que el Estado se convierta en otro verdugo aún más brutal y carente de humanidad que los ya mencionados. Esa no es la España que yo conozco, ni quiero que se pueda convertir en eso.

También me gustaría llamar la atención sobre los padres de Marta del Castillo . Ahí lo dejo, no quiero escribir ni una palabra más porque me enervo.

Me enervo casi tanto como viendo desfilar a los hijos del franquismo por Colón. Irresponsables, manipuladores, oportunistas, vendedores de humo, totalitaristas; cada vez merecéis más mi profundo desprecio.

Vosotros mismos os retratáis.

No quiero acabar esta disertación sin decir que lo mejor que le podría pasar a este país es que todos esos violadores y asesinos se muriesen de forma natural. Pero yo no soy Dios, ni quiero que alguien elegido democráticamente y bajo unos valores lo haga. El ojo por ojo hace siglos que se comprobó que no es la solución.

¡Oh Montesquieu!

descargaQuizá fuese porque no fui un alumno muy aplicado, quizá fuese porque ese día de clase de derecho procesal me encontrase en el Paraninfo jugando al mus, pero lo cierto es que nunca supe a ciencia cierta como funcionaban los indultos, hasta hace unos días…

Hace unas pocas semanas saltó la noticia de que un señor condenado a 13 años de prisión por un delito de homicido realizando una conducción con grave desprecio para la vida de los demás, había sido indultado. Sin conocer las motivaciones de este señor, los hechos son que condujo a gran velocidad en dirección contraria por una autopista de peaje. Sólo se detuvo cuando se estampó contra un coche en dirección contraria, segando la vida del conductor de dicho vehículo. Se podría pensar que fue un terrible error, que se equivocó al tomar la salida, incluso en que la moral de un buen cristiano invita al perdón. Nada de esto es así. El indultado cuadruplicaba la tasa de alcoholemia permitida, no trató de enmendar su error con maniobras evasivas o de rectificación, se había cruzado con más coches en le momento del accidente, por lo que podía haberse percatado de tan terrible confusión, y la familia del fallecido llora por tamaña injusticia.

El bueno de Don Alberto ante la magnitud y repercusión que tomó el asunto, tuvo que salir a la palestra y dar explicaciones en el Congreso, siendo éstas que el indultado padecía epilepsia (¿?), y lo comparó con otro caso anterior, lo que no explicó es que tenía cierta relación con el indultado y que en el otro supuesto al que se refería, el conductor no iba borracho como una cuba; y así cumpliendo con una ley de 1870 , sin tener que dar ninguna explicación, se había procedido a indultar a este señor con una celeridad pasmosa.

Este hecho quedaría como un atropello más del poder ejecutivo, sin embargo la reacción de organizaciones judiciales, asociaciones de conductores, de víctimas de accidentes, de los familiares del fallecido y, porqué no decirlo, de la sociedad en general, provocó que se cuestionase esta prerrogativa del poder ejecutivo sobre el poder judicial. Un derecho, un poder, que atenta contra los principios más fundamentales de nuestro ordenamiento, de nuestro estado de derecho.

Esta semana hemos asistido a otro mediático indulto, una joven madre se encontró una cartera, y se gastó 190 euros en pañales y comida. No quiero entrar a valorar si creo que esta mujer debería cumplir una pena que puede parecer desproporcionada. En lo que me gustaría incidir es en lo curioso de la relevancia que ha obtenido dicho asunto justo en el momento en que más cuestionado está el ejercicio de la Gracia del Indulto.

Mi pérfida y retorcida mente se pregunta si existe algún tipo de relación entre un asunto y otro. Si para justificar un deplorable indulto, se ha buscado la cara más social y humanitaria de dicho procedimiento. Si el Ejecutivo, viendo peligrar una jugosísima prerrogativa, ha activado sus resortes propagandísticos para contener a la opinión pública. Pero en definitiva, éstas son sólo las maquiavélicas deliberaciones a las que llega una cabeza abotargada sólo con leer dos noticias diferentes e interconectarlas.

A la clase a la que mi apretada agenda universitaria sí que permitió asistir fue a una de derecho constitucional en la cual se hablaba de cómo tanto Locke como Montesquieu aseveraban que para vivir en una sociedad en la que no se estuviese oprimido por la bestia del poder, debía existir una división de poderes. Guerras, revoluciones e innumerables muertes tuvieron que ocurrir para poder llegar a esto. Puede ser cierto que la figura del indulto deba estar presente en nuestro ordenamiento para enmendar fallos judiciales y así humanizar el sistema, pero es más que evidente que esto no puede ser arbitrario y carente de motivación. Una nueva regulación de este supuesto es necesaria.

Apostasía nacional

concordato españa santa sedeComo la mayoría de los españoles, mi educación se vio marcada por la religión católica. Cuando de pequeño te ibas a la cama rezabas un padre nuestro, mi abuela nos llevaba a mis primos y a mí a misa los domingos por la mañana, estudié en un colegio de curas, pasé innumerables y tediosas horas en catequesis en la parroquia del barrio. Bautizos, comuniones, confirmaciones, bodas, funerales. Ritos para cada momento de la vida.

Cada acto público o festejo tenía su referencia al Todopoderoso, a los santos o la Santísima Virgen María. Incluso paseando por cualquier rincón de España tienes referencias de la Santa Iglesia hasta en el rincón del monte más perdido de la Península.

Se entiende por tanto que el espíritu del artículo 16.3 de la Constitución no sea declarar España un país laico, sino simplemente decir que ninguna confesión será la oficial del Estado y hacer referencia especial a las relaciones con la Iglesia Católica.

Sin embargo, creo que existen unos límites que no se han de sobrepasar. La cooperación con las creencias religiosas de la sociedad no puede suponer imponer unas creencias en la fase formativa de la juventud española; tampoco han de financiarse con dinero público medidas para la propagación de dichas creencias; y mucho menos han de parcelarse cuotas de la legislación a favor de una moral imbuida por la religión. Y eso es lo que está haciendo el PP en el año que lleva en el poder.

La modificación de la Ley del aborto y la nueva reforma educativa, vienen a engrosar el número de leyes y preceptos de nuestro ordenamiento que tienen un profundo carácter religioso. Si en un país musulmán se condicionase la legislación de esta manera en base a preceptos básicamente religiosos, les llamaríamos fundamentalistas, pero aquí les llamamos conservadores o demócratas-cristianos.

Y es que existen una serie de prebendas a favor del Vaticano que hacen que el mentado artículo de la Constitución quede en agua de borrajas. A lo ya mencionado, me gustaría añadir los efectos civiles que tiene el matrimonio canónico, siendo ésta la única religión con este derecho; o la posibilidad de destinar parte de tus impuestos a favor de la Iglesia Católica, siendo ésta la única religión con este derecho; o bien el hecho de que los sacerdotes o ministros de culto perciban un salario del Estado y estén afiliados a la seguridad social por la realización de una actividad a todas luces improductiva, siendo ésta la única religión con este derecho; pero lo que resulta realmente sangrante es el tema de las inmatriculaciones. El art. 206 de la Ley Hipotecaria  permite a la Iglesia Católica poner a su nombre propiedades inmuebles sin título de dominio, sólo con la mera certificación de tal hecho del funcionario de turno, que no tiene por qué saber de qué le están hablando, equiparándose a las administraciones públicas, siendo ésta la única institución, persona jurídica o fundación o lo que se os pueda ocurrir con este derecho.inmatriculaciones iglesia católica

Todo este favoritismo viene justificado en que en España la religión mayoritaria, la tradición cultural y la voluntad del pueblo es claramente católica. Y viene fundamentado en el Concordato firmado por Franco en 1953, y se podría decir modificado por los acuerdos con la Santa Sede de 1979, pero prefiero decir ratificado por dichos acuerdos.

No obstante, aunque la religión mayoritaria en España sea el catolicismo, yo veo las iglesias vacías, monjas sudamericanas y sacerdotes con más años que Matusalem. Y es que por un lado, la gente ya no cree en la Iglesia, cree en Dios y en la bondad humana, no en que un cura deba decirte cómo vivir la vida. Por otro lado, la crisis de vocación viene motivada en que a los curas ya no les da para vivir “como curas” y en que la homosexualidad ya es algo más que tolerado en esta sociedad.

Aunque España haya sido país tradicionalmente católico, también ha sido un país con una larga tradición de apostasía, laicismo y tolerancia (por períodos) con otras religiones. Así que el argumento de ser la espada de Roma es algo desfasado y obsoleto.

La base de la moral católica es algo que no debemos perder, pero sí mantener en un segundo plano, y que toda esta teología, alejada de la realidad social, no pueda inmiscuirse en el marco legislativo bajo ningún concepto. Se ha de favorecer que aquellos religiosos que trabajen por el bien común, puedan tener un sustento, pero en el mismo plano que cualquier voluntario de una ONG. Ha de ser primordial una educación ecuánime con el fenómeno religioso, y que no primen unas ideas frente a otras. Se ha de favorecer que cualquiera pueda profesar su religión como le venga en gana, pero sin tener la aspiración de que otros comulguen con sus preceptos.

Adonde quiero llegar a parar es básicamente a dos puntos. La realidad del Estado aconfesional es algo injusto e inviable. Existe una necesidad imperiosa en aras de vivir en un país donde realmente se respete la libertad religiosa, de modificar la Constitución para crear un Estado laico. Por otro lado, alertar de que el PP, como siempre que puede demuestra, es un partido profundamente influenciado por lo más rancio del catolicismo, la Iglesia, Opus Dei, Legionarios de Cristo, y demás congregaciones, es decir, meapilas intolerantes odiagomas.

 

¿España Federal?

Don Estanislao Figueras, barcelonés de nacimiento y primer Presidente del Poder Ejecutivo de la República española, exclamó en el Consejo de ministros en su catalán vernáculo: “Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!”.

Así comenzó el fin de la primera y única intentona federalista de la Historia de España. Es evidente que la I República española estaba condenada al fracaso desde casi su nacimiento. La Tercera Guerra Carlista, la crisis económica, la Guerra de Cuba, el cantonalismo y, en general, el descontento y desconcierto de la población por la perenne inestabilidad patria, minaron este fugaz amago republicano. Sin embargo, si queremos buscar antecedentes del federalismo en España, es lo único que mínimamente se puede parecer a ello.

En la actualidad se nos vende el original régimen autonómico en que vivimos como un rotundo fiasco por el despilfarro, los recelos y la desigualdad que se genera entre las diversas comunidades. Las ansias secesionistas catalanas nos empujan a un modelo federal como término medio para evitar la disolución de nuestro país. Toda mi vida me he mostrado partidario de un modelo federal que representase a los pueblos ibéricos de una manera más fehaciente que el actual autonomismo. Un federalismo que legitimase la cohesión nacional por la voluntad de los pueblos de un futuro común mejor. Un federalismo en el que todos nos sintiésemos identificados y representados. No obstante, a día de hoy, en el que tal posibilidad parece un poco más real que en toda mi vida, veo una serie de problemas con, más que difícil solución, ardua y laboriosa solución.

Por un lado nos encontramos con un problema doctrinal, subsanable, pero nunca está bien empezar cojeando. Por Estado federal se entiende a aquel grupo de entidades (naciones), que se asocian y delegan una serie de derechos propios, en aras de una unión que les haga ser más fuertes en un contexto internacional. Nos encontramos con que una serie de “entidades independientes” se juntan para crear una nación o Estado federal superior. Nunca en la Historia han existido estas mismas en el territorio peninsular de forma autónoma. Muy por el contrario, ha sido el Estado central el que se ha descentralizado para dar paso a nuestro actual modelo. Por poner un ejemplo, Aragón nunca ha sido independiente del resto de España, siempre ha estado unido a otros territorios, ya sea físicamente, o bien políticamente. Todos los reinos altomedievales aspiraban a ser el rex hispaniorum, incluso el imperator hispaniorum. Es decir, en este caso no son las partes las que conforman un todo, sino el todo el que delega en las partes. Sin embargo, este defecto de forma no tiene porqué ser óbice para alcanzar la meta federal, pero ya tenemos la primera piedra en el camino.

Un problema más serio sería la estructuración del territorio. No creo que cupiesen las autonomías uniprovinciales en el marco de los Estados federales, salvo Madrid por su capitalidad. La reestructuración de las regiones tendría que abarcar no sólo un ámbito funcional, sino un ámbito ideológico y de similitud cultural. Cabría abrir la puerta a una unión entre el País Vasco y Navarra. Sería interesante la creación de un Estado asturleonés. Se tendría que estudiar la vuelta a Castilla de Cantabria y La Rioja. Habría que ver la forma de integrar Murcia o de ampliar la misma. Un mundo de posibilidades necesarias estaría al alcance de nuestra mano. Por otro lado, los conflictos serían constantes y por supuesto que sería imposible contentar a todo el mundo, pero fácilmente sería un reparto territorial más equitativo que el actual, donde nos encontramos comunidades más grandes que países de la UE y otras de un tamaño tanto territorial como poblacional insignificante.

Este cambio habría venido motivado por otro que sería imprescindible, la reforma del Senado. Al margen de tener que dotarlo de capacidad para ser realmente el órgano representativo territorial, habría que cambiar el sistema por el que se elige a los senadores. Es decir, la circunscripción electoral cambiaría de la provincia al Estado federado, teniendo que tener cada uno de ellos, en principio, la misma representación en esta Cámara. De aquí viene la necesidad de crear estos Estados de la forma más equitativa posible. Está claro que sería necesario habilitar un mecanismo para que las posibles desigualdades que se fuesen produciendo tuviesen su representación en el Senado, si embargo debieran ser bastante rígidas, para que esto no fuese un “descojono” continuo.

Se ha criticado profundamente la duplicidad de instituciones en el sistema autonómico, y es muy probable que los mismos problemas acuciasen el nuevo modelo federal. Sin embargo habría que ver qué competencias serían delegadas al Estado central, ocurriría justo al contrario que ahora, que se anda rateando cada competencia por banal que esta sea, además de que en este modelo federal todos los Estados miembros deberían delegar las mismas competencias, no pudiendo haber unos adelantados y otros no.

Sólo he querido dar unas pinceladas sobre los principales cambios que habrían de acometerse para poder llevar a buen puerto un modelo federal, pero práticamente habría que reformar toda la Constitución. Debido al “cristo” que esto supondría, sería conveniente crear un poder constituyente y redactar una nueva, dado que la complejidad de los cambios haría que hubiese tantas lagunas y resquicios jurídicos que generarían confusión, teniendo al Tribunal Constitucional en perpetuo desarrollo de la jurisprudencia, siendo, a fin de cuentas, este mismo el que actuara veladamente de poder constituyente.

En mi opinión, este cambio de modelo no conllevaría un apaciguamiento de las aspiraciones nacionalistas catalanas, dado que, como ha quedado demostrado en repetidas ocasiones, el nivel de autonomía que se les conceda es irrelevante para los mismos siempre que el resto de regiones españoles puedan alcanzar el mismo. No quieren tener un Estatuto de Autonomía, lo que quieren es que el resto de regiones no lo tengan y así poder sentirse especiales. Les gusta el Estado integral de II República, en el cual existía una contraposición entre regiones periféricas y el resto de España.

Aunque sería apasionante y ciertamente beneficioso para aunar es espíritu nacional mucho tiempo atrás perdido, creo que la reforma hacia un Estado federal sería tan complicada y generaría tantas tensiones, que habríamos de ser muy cautelosos a la hora de proponerla. Además, teniendo en cuenta la pericia y saber hacer de nuestros políticos actuales, es probable que esto acabase como el rosario de la Aurora. Salvo que ocurriesen hechos de notable relevancia que pusiesen en peligro nuestro actual sistema, o que hubiese un consenso general, o que las circunstancias históricas hiciesen que no hubiese otro camino, creo que lo más prudente y oportuno sería profundizar, perfeccionar y asentar nuestro denostado modelo autonómico.

 

La Pirámide Nacional

 Se acercan las elecciones autonómicas vascas y gallegas, y en el horizonte se pueden divisar las catalanas. Y llegan justo después del mayor brote secesionista que hemos conocido en nuestras cortas vidas.

Esta mañana me he leído un artículo de opinión muy interesante en el que se cuestionaba cómo se puede ser nacionalista y de izquierdas. Todo aquel que me conozca un poco sabrá que, en general, lo que a mi me gusta es discutir, me gusta pasar por falangista si hablo con un bolchevique, y me gusta pasar por abertzale si hablo con un carlista. En definitiva, me gusta tocar los cojones y demostrar que nadie tiene la verdad absoluta.

El artículo al que me refiero me ha gustado mucho porque dice cosas en las que siempre he creído, sin embargo creo que puedo explicar las dudas que plantea dicho artículo, o al menos lo intentaré.

Sin querer explicarle a nuestro avezado lector en qué consiste el nacionalismo (lenguaje, territorio, cultura, folklore,…), sí que quiero explicar cómo funciona, y lo haré en base a la conocida Pirámide de Maslow . Este señor escribió en 1943 una más que recomendable obra llamada “A Theory of Human Motivation”, en ella explicaba, resumiéndolo grosso modo, que existe una prelación de necesidades que tal y como se van satisfaciendo se va procurando subir al siguiente nivel para sentirse realizado. Es decir, y explicándolo burdamente, tú antes de hacer nada lo primero que necesitas es comer, luego que no pueda venir cualquiera quitarte las habichuelas, después poder compartir con quien tu quieras ese plato de alubias, más tarde que la gente te diga que eres el amo haciendo el potaje y por último poder escribir un libro con tus recetas de puchero. No es una explicación muy exacta de la Pirámide, pero en líneas generales, me vale para explicar lo que quiero.

El nacionalismo entronca su argumentación en los diversos escalones de dicha argumentación.

Empezaré explicando el lado más duro y aglutinador del nacionalismo, ésto es la necesidad de una identidad nacional como defensa de lo nuestro frente al invasor. Todo nacionalismo necesita un antagonista y si no, lo ha de inventar. La contraposición a un enemigo que entre a tu casa mate a tu familia, usurpe tu propiedad y robe tus bienes. Se da en todos y cada uno de los nacionalismos, por ejemplo, los EE.UU. de América surgieron por la necesidad de defenderse contra los desmanes impositivos del rey de Inglaterra, podrán adornarlo con derechos individuales, con ansias de un futuro mejor, o con lo que quieran. Pero esto fue así. Si os paráis a pensar por un segundo en cualquier nacionalismo exacerbado, veréis que todos tienen uno o varios enemigos per se. Esta necesidad de seguridad es el segundo escalón de la Pirámide, uno de los más básicos, el que te hace unirte con los que están cerca para defenderte y generar odio a todo lo que venga de fuera.

El lado amable del nacionalismo se encuentra en el tercer escalón. Maslow lo llama afiliación. Es más que evidente que todo el mundo siente cierto cariño por su tierra, sus costumbres, su modo de vida en general. Defendemos lo indefendible por decir que lo nuestro es lo mejor, aunque sepamos que es mentira. Si tú hablas con alguien de tu mismo lugar, probablemente saques todos los defectos y deficiencias que aquejan esos lares, pero si en la conversación se encuentra alguien foráneo, sacarás a relucir sólo las bondades de tu tierra. Eso es lo que nos gusta destacar, lo que es imposible que sea malo. Ya sea la ensaimada, la morcilla, el txacolí, los castellets, la muñeira, el mus, es lo que hemos mamado desde pequeños, lo que no hace daño a nadie, y aunque realmente no te guste, siempre lo tendrás cierto aprecio.

En el cuarto escalón nos encontramos con el reconocimiento. Toda nación necesita héroes, símbolos con los que sentirse identificados, poder saber que si actúas por el bien de los que están cerca, recibirás el aprecio y el reconocimiento, pondrán tu nombre a una plaza e igual hasta te hacen una estatua. Medallas en el Ejercito, los premios Príncipe de Asturias, ser hijo predilecto de tu pueblucho. En resumen, motivarte para que veas que tu esfuerzo por la patria tiene una recompensa. En España adolecemos de esta falta de reconocimiento, nos encanta menospreciar a aquellos que destacan hasta el día en que se mueren o lo dejan. Así somos.

Os preguntareis porqué no he hablado todavía el primer escalón. Esto se debe a que lo quería dejar expresamente para el final. El nacionalismo siempre surge o resurge con fuerza en aquellos periodos históricos en los que la situación económica es especialmente mala. Cuando la situación económica de un país es especialmente crítica, es cuando los grupos separatistas y nacionalistas consiguen mayores apoyos. Achacan las culpas de sus males al Estado central que se olvida de ellos, pese a que como ha quedado demostrado, con la secesión las cosas no suelen ir a mejor. Un ejemplo de esto puede ser Cuba. Cuando en 1898 lograron la independencia de España, fue gracias al apoyo estadounidense; pero previamente, 30 años antes, sucedió el famoso Grito de Yara, esto fueron una serie de reclamaciones basadas en el abandono en el que la metrópoli les había sumido, ya que tenía que centrarse en los problemas internos debido a las diversas revoluciones sucedidas en esa época junto con las pertinaces guerras carlistas. Tras la independencia de España, las cosas no fueron a mejor, una oligarquía financiada con el dinero americano se hizo con el poder, generando aún más desigualdad que la que imperaba bajo el yugo español. Esta pérdida colonial supuso para España el auge definitivo para los nacionalismos periféricos, los cuales se vieron envalentonados al no poder obtener los beneficios económicos que anteriormente obtenían allende los mares. La crisis del 29 tuvo su reflejo en España con la proclamación de la República, y otra vez los nacionalismos se auparon al poder debido a la lacra económica reinante. Como este ejemplo se pueden poner doscientos.

Nos encontramos en un momento difícil, en un caldo de cultivo bien preparado para que este tipo de cosas ocurran. En donde todos los escalones de la Pirámide están pavimentados para alcanzar estas ansias soberanistas. Hace unos años a nadie le atemorizó el Plan Ibarretxe, por lo menos no al nivel de la cuestión secesionista catalana. Básicamente se propugnaba lo mismo que dice hoy en día Artur Mas, y sin embargo no ocurrió nada. ¿En qué se diferenciaba uno y otro? En que a Ibarretxe le faltaba el primer escalón.

Segur que tomba

galeuska‘’¡Ciutadans de Catalunya; ja sóc aquí!’’ Hace 35 años ya, desde que Josep Tarradellas comenzara con esta sentencia el celebre discurso con el que retornaba a España.

Con dichas palabras se consideraba restituida la legalidad de las instituciones autónomas, barridas por la barbarie de la Guerra. Como bien dice, hablaba a los ciudadanos de Cataluña, iba a trabajar para los ciudadanos de Cataluña y por conseguir una Cataluña prospera, democrática, y en libertad.

Se trataba del primer rayo de sol democrático tras otros 35 años de oscuridad franquista, de restricción de libertades, de anulación identitaria, de barrabaserias judiciales.

Sin embargo, el enfoque del discurso, pese al esfuerzo por no decir ‘’catalans’’y decir ‘’ciutadans’’ ya nos habla de su visión sectaria del conflicto.

Y es que todos los soberanistas de las regiones periféricas españolas (GALEUZCA), nos plantean la disputa como una contraposición entre España y sus respectivas regiones. Un enfoque a todas luces erróneo, ya que no es posible hablar de España, sin contar con, por ejemplo, Cataluña; estaríamos hablando de otra cosa.

La visión de que el franquismo maltrató exclusivamente a los ciudadanos de estas regiones es algo generalizado por aquellos lares. No se tiene en cuenta que donde más fusilados hubo fue en los lugares en los que supuestamente triunfó el golpe. No se tiene en cuenta que la represión fue igual en todas partes, que la anulación del individuo, la imposición del dogma, el clientelismo y el favoritismo, fue la misma allá donde fueses.

Este punto de vista es el fruto del absurdo autonómico en el que nos encontramos inmersos. Me repito, pero hemos vertebrado este país con huesos artríticos, y en cuanto se tensa la situación, parece que se va a romper por los cuatro costados.

Por no crear un Estado federal, que era lo que nos pedía el cuerpo en la Transición, creamos la pamplina autonómica. Esto consistió en no reconocer la identidad integradora de las regiones, para mantener tranquilos a los del águila, pero dándoles la posibilidad a dichas regiones de obtener una cuota autónoma muy superior a la de cualquier Estado federal del mundo. Así por ejemplo nos encontramos hoy en día con una educación segmentada, particularista y sesgada, enseñándose en cada colegio de las cuatro esquinas de España, lo que al iluminado de turno le viene en gana, generando incultura y fanatísmo. También nos encontramos con regiones ‘’por la cara’’, por decirlo de alguna forma, creadas ex professo para contentar a unos y no descontentar a otros; olvidándose de lo que eran la regiones históricas, de los pueblos y de las instituciones tradicionales.

A ese erróneo antagonismo España-GALEUZCA, el resto de españoles hemos hecho más bien poco por solventarlo. Por poner un ejemplo, este texto está escrito íntegramente en español, y en su práctica totalidad en castellano. Esta reflexión obvia y absurda es algo, que bien ya sea por incultura u obstinación, la gente no quiere entender. El idioma español no existe. Hay varios idiomas españoles y el más usado es el castellano.

Nos guste o nos disguste, para lo bueno y para lo malo, todo somos españoles. Desde de Juana a Inestrillas, desde Tarda a Fraga, somos todos igual de españoles, tenemos los mismos derechos y obligaciones. Aunque no queramos verlo así.

Ser español no es un sentimiento, es una identidad. La típica frase de: ‘’que se jodan, que no son españoles’’, referida al fútbol, a la política o a prácticamente cualquier cosa que se os pueda ocurrir, hace flaco favor a este país.

El querer incumplir la legalidad cada vez que un etarra va a salir de la cárcel, hacer unas leyes para unos y otras para otros, hace daño a este país.

Si a todo esto añadimos que el partido con mayoría absoluta en el poder es una fuerza minoritaria en Cataluña y el País Vasco, que encima incumple sistemáticamente todo lo prometido previamente a las elecciones, nos encontramos con un rechazo frontal a todo lo que venga del Estado central, con un ansia por el desarraigo y con un anhelo por el autogobierno que presumiblemente satisfará mejor sus necesidades. Habrá que ver que ocurre en las elecciones autonómicas vascas, pero auguro un desmoronamiento de los partidos con representación estatal y un auge sin parangón de los abertzales.

En el otro lado de la balanza, también se fomenta el error, y además con exacerbada profusión. Acabar con todos los vínculos de unión parece ser la política general de los bloques nacionalistas, ya sea en la cultura, en el ocio, en las costumbres o en la Ley. El querer hacer sentirse incómodo a todo aquél que no comulgue con sus preceptos es dogma. Propiciar el desencuentro y el recelo es la tónica general. Generar el descontento de la población achacando todos los problemas a las supuestas y falsas fuerzas de ocupación es costumbre.

En esta animadversión participamos todos. Con exabruptos y menosprecios a nuestras identidades nacionales, con falta de educación y de respeto. Y es evidente que así no vamos ningún sitio.

España no se rompe. España se rompió hace muchísimos años, y parece que la ha remendado un manco. Parece que hacemos todo lo posible por generar el odio, cuando es muchísimo más lo que nos une que lo que nos separa. Pero eso no interesa. Lo que interesa y gusta en este país es tocar los cojones a todo el mundo. Lo que gusta es ser el más duro, el más radical y el más maleducado.

Así que parafraseando, maltraduciendo y cambiándole el contexto a Lluís Llach: “si yo tiro fuerte por aquí y tú tiras fuerte por allá, seguro que se rompe’’

Camino del hoyo

recortes ppSe me ven los colores, pero son los míos y por eso los tengo. Aunque me gusta pensar que puedo abstraer una idea y verla desde un punto de vista objetivo, no siempre puedo.

Procuro pensar con frialdad y empatía, pero con todo lo que está cayendo me caliento.

Y es que creo que desde hace ya unos años, nuestros dirigentes van dando bandazos y palos de ciego en prácticamente todos los asuntos relevantes para el devenir de la sociedad del bienestar.

Al margen de la calamitosa política económica llevada a cabo por el socialismo bienqueda, a estos “progres trasnochados’’ se les podrá achacar muchas cosas, pero siempre han mantenido un halo de transparencia y legalidad, es decir, no se pillaban las manos con las formas. Puede que luego fuese todo mentira, puede que les mire con mejores ojos que a los otros. Pero es que en los últimos días estoy viendo a un PP desbordado y desquiciado por la situación. Y si Don Mariano & Co., que se nos vendieron como la panacea para salir de la crisis, no hacen más que sacar los pies del tiesto, no sé quién va a arreglar todo este desaguisado.

Empezaré con Doña Fátima Ibáñez. Hace unos días se filtró la noticia a un medio profundamente tendencioso, por la cual el principal partido de la oposición se disponía a convocar un ERE en su plantilla. No voy a pedir la dimisión de la actual Ministra de empleo, pero sí que quiero alertar de su mala praxis. Después de haber tenido que reconocer que la noticia salió de su entorno, gracias a las reveladoras informaciones de otro medio de comunicación, se ha limitado a decir que ninguna información era confidencial y a cargar contra los socialistas y su falta de decoro ideológico. Magnífico proceder para un Ministro que vela por los intereses de todos los ciudadanos.

Seguiré con Doña María Dolores de Cospedal. La actual presidenta de Castilla La Mancha y número dos del partido en el poder ha cargado contra el Poder Judicial, criticando la actuación del juez encargado de imputar a los gestores de Bankia. Una nueva injerencia en la independencia de los Tribunales. Como individuo particular podrás criticar todo aquello que te venga en gana, pero como cargo electo has de respetar las instituciones de este país, no presionar públicamente a la gente que vela por el cumplimiento de la legalidad y ,sobre todo, no hacer una defensa absurda sobre algo que aún no ha ocurrido, en un asunto que huele muy mal, sólo por ser quien son.

A colación con el tema de Bankia, proseguiré con Doña Esperanza Aguirre. El atrevimiento de esta señora parece no tener límites. Hace un par de años, desde su posición de presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, forzó la situación para imponer los cargos, a su antojo, en la cúpula directiva de la antigua Caja Madrid. Nada inusual en este tipo de actuaciones por parte de un presidente autonómico. Lo inusual es que a día de hoy tenga los “santos cojones’’ de pedir que se depuren las responsabilidades en dicha materia, cuando ella y sus políticas son las que deberían ser depuradas en todo este asunto. Habría que ver en qué medida la Comunidad Autónoma de Madrid es responsable del insalvable agujero provocado en dicha entidad. Cómo ha afectado las fusiones forzadas a la solvencia de la otrora bien valorada Caja Madrid.

Por último, quiero acabar llamando la atención sobre el depauperamiento democrático que supone saltarse las Cámaras electas y legislar a base de decretazos. Se supone que en base a la extrema urgencia y necesidad se puede acudir a este sistema para dictar normas. Pero ya ni sé cuántos Decretos-Ley ha promulgado el PP desde su llegada al poder, ni siquiera las materias que han abordado. Que la situación económica sea escalofriante, no quiere decir que tengamos que acabar con la democracia, con nuestros derechos y libertades.

Tengo pavor por la deriva democrática a la que se asoma este país. Las actuaciones de nuestros dirigentes me resultan profundamente preocupantes, y como se están desarrollando los acontecimientos me llevan a pensar que el PP no va a acabar estos cuatro años de legislatura. Y el problema es que no veo a ningún partido capaz de coger el relevo.

En Grecia los neonazis han conseguido su parcela de poder, y cuando las barbas de tu vecino veas cortar pon las tuyas a remojar. Muy mala pinta.

Vetusta Tierra

‘’En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejercito Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.
El Generalísimo Franco
Burgos 1º abril 1939.’’

Con este parte se daba por oficialmente concluida la Guerra Civil española, no es de extrañar que fuese firmado en Burgos.

Mi localidad siempre ha sido conocida por ser una ciudad ‘’de curas y de militares’’. Fue considerada la Capital de la Cruzada Nacional contra el marxismo y aquí se asentó la cúpula militar golpista en el 36. A principios de los 70, Burgos se hizo mundialmente conocida por ser el lugar donde se dictaron las últimas condenas capitales del Régimen Franquista. Repetidos atentados de ETA han marcado la historia reciente burgalesa. En esta capital castellana, desde la llegada de la Democracia, los partidos tradicionalmente de derechas son los que han sacado siempre más votos.

Banderas de EspañaCon estos antecedentes he de decir que éste no es el ambiente en el que yo crecí. Quizá abochornados por un pasado tan sesgado, quizá por la proximidad y el intercambio cultural constante con el País Vasco, la enseña nacional siempre ha sido motivo de controversia aquí. Los movimientos juveniles más extendidos eran de corte izquierdista e independentista castellano. Esto se reflejaba en el fútbol, en los bares y en las calles. Todo aquel que llevase una bandera de España era considerado un ‘’facha’’.

Sólo había un día al año en el cual se sacaban las banderas rojigualdas a los balcones sin ánimo de provocar a nadie ni ser provocado, y ése era el día del Curpillos. Esta festividad acontece a primeros de junio, y en ella se saca por delante del Monasterio de las Huelgas el pendón que arrebatamos a los moros en al batalla de las Navas de Tolosa, luego va todo el mundo al parque del Parral a emborracharse y a comer chorizo, careta y morcilla. Después de tan selecto acontecimiento, las banderas se volvían a guardar hasta el año siguiente.

Este año las cosas han cambiado, al día siguiente del Curpillos, las banderas no desaparecieron como es costumbre, sino que ya llevan prácticamente un mes ondeando en las ventanas, y aumentando su número con profusión.

Parafraseando a un exministro y expresidente del Congreso, ‘’manda huevos’’ que todos los complejos apocopados que hemos sufrido en nuestra identidad nacional tras dos siglos de luchas fraticidas, hayan desaparecido por el fútbol.

Las calles de mi ciudad están plagadas de banderas. Si Don Joan Laporta o Don Arnaldo Otegui viniesen a comer cordero, probablemente sufriesen un shock anafiláctico. También es cierto que no he visto ni una sola bandera con el pollo.

Según tengo entendido esto que está ocurriendo no es exclusivo de Burgos. Por fin no nos avergüenza decir que somos españoles, que tenemos unos símbolos democráticos asentados y aceptados, que las heridas lentamente van cicatrizando.

En la final de la Copa del Rey, hubo una pitada colectiva motivada e incitada por la provocación de la vieja guardia nacional. Si vamos poquito a poco, si controlamos a estos perros ladradores que propagan el odio, si tratamos a la gente con respeto y sobretodo si Andresito sigue metiendo goles, es probable que algún día nadie se avergüence de decir que es español.

Pero, ¿te has pensado que somos tontos?

Mariano Rajoy tras el rescate y el gol de ItaliaEntre Eurocopa, Roland Garros, F-1 y demás festejos acontecidos este fin de semana, se nos ha colado la noticia del “no rescate a España’’, pero sí a sus bancos. Todo un logro.

Se supone que la ayuda no se la dan al Estado, pero éste es responsable de ese mismo dinero. Se supone que la Administración ha hecho los recortes necesarios y por tanto, ese dinero es exclusivamente para financiar a los bancos, sin embargo nos van a vigilar las cuentas públicas y a exigir más recortes. Se supone que, en principio nos van a dar más dinero del que nos hace falta, cuando hace dos días no había dinero para nada. Se supone que nos van a cobrar más o menos la mitad de interés por ese dinero de lo que nos están cobrando en los mercados, sin embargo seguimos financiando las cuentas públicas al doble. Se supone que D. Mariano Rajoy ha conseguido un hito en la negociación con Europa y en la rueda de prensa parecía que se le había muerto la abuela. Se supone que ha salvado a España de la bancarrota y por tanto puede disfrutar con el fútbol de la Selección.

No entiendo nada. Si echas un vistazo por encima a la prensa internacional ves que no tiene nada que ver lo que dicen los políticos europeos con lo que dice el ejecutivo español, y esto es lo preocupante. Un acuerdo de este tipo debería hacerse público en su totalidad en el momento de anunciarlo, y que sean los medios de comunicación, expertos y profesionales, en definitiva la sociedad civil, la que lo interprete.

Pero allí se plantó D. Mariano, con su circunspecto semblante, tratando de esbozar una sonrisa y aguantándose el llanto, sabedor de la que nos espera y pensando cómo le recordará la Historia.

Sabía que no podía acudir a la rueda de prensa y decir: ‘’españoles, la hemos cagado tanto que ya no somos dueños de nuestra soberanía, da igual a quién votéis en las próximas elecciones, que los presupuestos no los van a confeccionar los cargos electos de este país, sino los que hayan elegido en Francia, en Alemania o en vete tú a saber donde’’.

Pero claro, eso no lo podía decir. Lo que tenía que decir es que gracias a su magnifica gestión ha conseguido salvar la Patria. Otra más que nos cuenta en su corta carrera como Presidente, que además tiene pinta de no prolongarse mucho más.

Esta mañana se me ha ocurrido echar un vistazo al programa electoral del PP para las elecciones legislativas de 2011, un bodrio de doscientas y pico páginas que he optado por no leerme y buscar la versión reducida que he encontrado en la página web de El Mundo .

Ojeándolo por encima, me he llevado la impresión de que se creen que pueden prometer el oro y el moro y luego hacer lo que quieran. Y el problema es que pueden. No hay ningún tipo de regulación en nuestro Ordenamiento, que obligue por lo menos mínimamente a los políticos a intentar cumplir lo que públicamente han prometido. La única cortapisa que tienen es su moral , su honestidad, y la opinión pública. El valor de las dos primeras ya sabemos qué grandeza tiene, y con mayoría absoluta … ¿a quién le importa lo que opine la gente?.

También podría hablar de la Ley de Financiación de los partidos políticos, de la irresponsabilidad jurídica de las decisiones de nuestros políticos, de las prevendas que adquieren, de las jubilaciones majestuosas y retiros en grandes firmas que reciben. Pero lo dejaré para otro día. Sólo quiero que quede constancia que en esta Gloriosa Nación los políticos pueden hacer y decir prácticamente lo que les venga en gana, que aquí no pasa nada….