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aint Emilion, pueblo de la Aquitania francesa, alberga un gran tesoro subterráneo y produce cosechas magníficas. Este pueblo Patrimonio Mundial de la Humanidad, es conocido por sus buenos caldos. Nótese que tiene su propia denominación de origen y su propio sistema de valoración de vinos que va desde el Saint Emilion (aprox. 20€/botella), Grand Cru, Grand Cru Classé, Premier Grand Cru Classé B hasta Premier Grand Cru Classé A (aprox. 350 €/botella). Lo que encarece su precio, o justifican para ello, es que el rendimiento de la uva es muy bajo. Para poder elaborar una botella se necesita el doble o triple de cantidad de uvas que en España, por ejemplo. Además, la clasificación es bastante estricta, un Grand Cru Classé se consigue manteniendo un nivel de calidad medio-alto constante durante 10 años consecutivos.
Volviendo a la parte monumental del pueblo se puede visitar la iglesia monolítica realizada por los monjes benedictinos en el s. XI. Mide 38m de largo, 20m de ancho y 11 de alto bajo bóveda, y por ello, denominada la iglesia monolítica de la época medieval más grande de Europa. Como ocurre en muchas iglesias de esta zona de Francia, el campanario está separado del edificio principal, formando una torre única. Los motivos son que el campanario es bastante posterior (del s.XII al XV) y que la iglesia fue tallada directamente en la piedra; de aquí que se denomine iglesia monolítica.
Inicialmente las paredes interiores estaban llenas de pinturas y esculturas de mad
era, pero a causa de la Revolución Francesa ya no queda casi nada. Durante este suceso, la iglesia fue abandonada lo que dio lugar a la formación de salitre por culpa de la humedad y la falta de conservación. Cuando recolectaron el salitre, muy codiciado en la época porque se empleaba para producir pólvora de cañón, se destruyeron casi todas las pinturas.
Es curiosa la disposición del altar, al lado de las entradas. Inicialmente el altar estaba orientado hacia el oeste, al fondo de la iglesia. Sin embargo, del s. XV al XVIII los curas tuvieron que reorientarlo ya que debía estar hacia el este, al sol naciente, símbolo de Cristo Luz.
El segundo monumento subterráneo, y el más antiguo del pueblo, es la ermita de Saint Emilion. Fue ahí donde el monje pasó los últimos 17 años de su vida, de 750 a 767. Venía de Vannes en Bretaña, donde era intendente del conde de la ciudad. Gracias a ese cargo gozaba de ciertas libertades que aprovechaba para robar pan en las cocinas del castillo para así distribuirlo entre los pobres. Un día, alguien lo denunció al conde, quien decidió cogerlo con las manos en la masa. Le sorprendió y le pidió que le mostrara lo que escondía bajo su abrigo. Cuando Saint Emilion le fue a mostrar lo que llevaba, el pan se había transformado en leña. Ese fue el primer milagro que realizó este Santo y queriendo huir de una popularidad naciente se exilió en el sur de Francia. Llegó a la actual Aquitania, conocida entonces con el nombre celta de Ascumbas, por la cantidad de cavidades subterráneas excavadas por la erosión. Se refugió en una de ellas, donde vivió como ermitaño. Más tarde unos discípulos se unieron a él y fundaron el pueblo de Saint Emilion. Contrariamente a lo que se cree, Saint Emilion no es el Santo patrono de la viña y el vino, sino que es Saint Valéry, discípulo que contribuyó a su desarrollo en el s.VIII.
Siguiendo la visita se encuentran las catacumbas (kata=profundidad y cumbas=tumbas). Es decir, un cementerio subterráneo. Allí se enterraban dos categorías de personas: por un lado, los miembros más meritorios de la comunidad monástica y los ricos notables del pueblo, y por el otro, los bebes demasiado pequeños como para cometer pecados.
La galería subterránea abierta al turismo, representa una pequeñísima parte de las 80 hectáreas de canteras subterráneas (unos 200km), que se extienden bajo el pueblo y el viñedo. Hasta el s. XIX grandes cantidades de piedras fueron extraídas para construir los pueblos de alrededor, Libourne y Burdeos.
Hoy en día la temperatura constante (alrededor de 13 grados) y la higrometría elevada hacen de estas canteras unas bodegas sensacionales.
El cuarto monumento a visitar es la capilla de la trinidad. Edificio de transición entre dos estilos muy diferentes, seguramente porque su construcción comenzó en el s. XIII en homenaje a Saint-Emilion y no se terminó hasta 1730.
Además de estas reliquias y la gran historia que albergan, Saint-Emilion es un pueblo precioso que recuerda a la Toscana Italiana, pero en versión francesa. La entrada al pueblo con los restos de una enorme muralla muestra la magnificencia que en su día fue, y la recepción, a lo largo de las muchas carreteras que en él desembocan rodeadas de innumerables viñedos perfectamente alineados y cuidados es sobrecogedora.



















Interesante y buen articulo…… y un nuevo destino para añadir a la agenda de viajes!
Tiene buena pinta verdad?
[...] Medoc hasta Graves, pasando por Saint Emilion se encuentran los vinos más prestigiosos de Francia. Seguramente os suenan de algo los: Château [...]