“La conversación puede salvar vidas”

Como apunta John Carlin en su libro “El Factor Humano”, Mandela destacó por la capacidad de comprender la importancia de sellar la paz y cambiar el curso de la Historia. Se puede hacer historia o se puede, al menos, ser partícipe de ella. Esto es lo que trata de lograr Argemino Barro con sus artículos: descifrar las claves de la actualidad e inmiscuirse en esa verdad. Para ello, utiliza una prosa ágil con matices de realismo sucio, mientras excava en el otro lado de las cosas.
Argemino es autor de un artículo de gran éxito, que versa sobre el país que mayor tasa de suicidios tiene del mundo, publicado en Café Babel. Además es autor del blog Piratas Malayos, sobre sus experiencias en el sureste asiático.

¿Cómo surgió la posibilidad de este viaje a Lituania?
Una amiga mía me pasó el anuncio de esta revista digital, Café Babel, con sede en París;  querían a gente que fuese 4 días a Vilna para escribir algo que relacionase crisis económica y juventud (lo hacen cada mes con una capital europea diferente). Es un medio interesante por su vocación comunitaria: eligen a gente de todo el continente y traducen cada artículo a 6 lenguas (funciona para la Comisión Europea). Conocí a gente muy simpática y nos alojamos en un apartamento estilo Pacto de Varsovia… Fue inolvidable.

¿Qué sabías en ese momento del país báltico?
Sólo generalidades: economía pujante desde hace unos diez años, pasado soviético que no les gusta recordar, minoría rusa… Y algún tópico como el de que son gente orgullosa y fría.

¿Y qué aprendiste allí?
Pues me sorprendió bastante que prácticamente todo el mundo hablase ruso, no sólo una minoría; lo escuchas por la calle, en los bares… Aunque muchos jóvenes quieren potenciar el lituano. Vilna parece un pastel de adoquines y se ve cierto dinamismo estudiantil.  El campo es la otra cara, un paisaje desolador. La temática de los suicidios era adecuada para acercarse un poco al estado de ánimo general, al peso de la historia reciente y la crisis.

¿Cómo se siente un periodista ante un tema tan escabroso como el suicidio, se puede ser imparcial cuando entrevistas a gente que no tiene nada y se ve abocada al suicidio?
Al principio estaba un poco inquieto: pensaba que con un tabú tan tétrico sería difícil obtener material. Pero los expertos que entrevisté eran muy agradables y deseaban ver a la sociedad enfrentar el problema con transparencia, diálogo y soluciones concretas. Lo más sensible fue visitar aquel pueblo; llamaba la atención el estado general de depresión: paro salvaje, fábricas cayéndose a trozos, personas completamente entregadas al alcohol casero; jóvenes sin nada que hacer, basura por todas partes… Un anciano vino a echarme una bronca con un mazo en la mano. Su cara era puro odio. Sólo accedieron a hablar tres personas, y a regañadientes.  ¿Ser imparcial? El debate interminable, ¡hay tantos puntos de vista! Seamos optimistas: aunque la objetividad no exista y tal, creo que se puede ser más o menos imparcial y concienciar al mismo tiempo. Hay cosas que impresionan por sí mismas.

Háblanos un poco de cómo se planifica un viaje así.
La producción fue sencilla: contacté con dos de los psiquiatras por e-mail, y el otro ya sobre el terreno gracias a la cortesía de Alvydas Navickas, que también me recomendó ir a aquel pueblo. Además Vilna es una ciudad pequeña y ordenada,  manejable.
Claro que a la vuelta el viaje se complicó por el maldito volcán Motherfucker. Fuiste a la vez periodista cubriendo un hecho relevante y afectado directo de otra noticia.
¡Eso fue más difícil! Así es: fui uno de los pringados que se quedó tirado, y además en la otra esquina de Europa. Pero dentro de lo malo tuve suerte: no tenía una prisa especial e hice parte del viaje con un australiano y una polaca muy majos; fue un desafío recorrer estaciones de trenes y buses por Vilna, Varsovia y Berlín buscando cómo continuar… Nunca sabíamos qué sería de nosotros en las próximas horas, y por todas partes había gente al borde de la histeria. Al final llegué a París sin haber probado ducha ni cama durante tres días.

La historia de tu regreso a casa la detallas en tu blog, Piratas Malayos; como sabes, Periodismo Independiente apoya a otros blogs, ya que su filosofía es la misma. ¿Qué encuentras en el mundo de los blogs? ¿Eres de los que piensan que en internet se pueden leer cosas serias e interesantes?
Por supuesto; aunque la naturaleza ilimitada de internet permita mucha “basura”, hay blogs interesantísimos. Se me ocurre el ejemplo del último premio Ortega y Gasset de periodismo otorgado a la navarra Judith Torres por su trabajo en Ciudad Juárez, desde un simple blog de diseño nada original, completamente simple y hasta feo. Pero ella demuestra que lo que de verdad  importa es el contenido (y en su caso una valentía impresionante).

Empezaste con Piratas Malayos a raíz de un recorrido de 3 meses por el Sudeste Asiático. ¿Llega uno a integrarse en una sociedad tan distinta?
Sin duda (y no lo digo por mí; yo iba de un lado a otro con la mochila). Conocí a occidentales que estaban instalados en Tailandia, Camboya o Indonesia, comiendo arroz cada día, casi sin cobrar, hablando el idioma… Y estaban encantados (a veces se pueden ver casos así en esos programas de “Paisanos por el Mundo”). Lo que me impactó fue lo sencillo que era todo; ir, venir, preguntar, conocer mucha gente… Cosas como los timos ocasionales no son nada comparado con lo bien que te trata todo el mundo. Y lo digo porque a veces pareciera que todo lo que no sea Europa o EEUU es un infierno, que nos van a desvalijar nada más llegar o vamos a morir de cagalera.  No me atrevo a opinar de otros lugares que sin duda serán peligrosos, pero puedo decir que me suelo sentir más inseguro en un autobús nocturno de Madrid que por ejemplo en los arrabales de Yakarta.

Volviendo al tema de Lituania, el país con mayor tasa de suicidios por habitante del mundo, ¿Crees que el cambio del sistema comunista al capitalista les ha afectado tanto?
Sí, a unos para bien y a otros para mal. Al parecer ocurre lo mismo en casi todos los países de la antigua órbita soviética: salvo personas de clase obrera en dificultades, la sociedad en general desprecia el pasado reciente. Lo que pasa con Lituania es que un tercio de su población vive en el campo, donde nadie hace nada desde la era comunista. Lo dice claro uno de los especialistas: “La única novedad que la independencia trajo al campo es el desempleo”.  Si bajo la URSS estaban mal, con un índice ya alto de suicidios, ahora la cosa es mucho peor. Sus infraestructuras se caen a pedazos y la política gubernamental de centralizar los servicios sanitarios en grandes hospitales ha terminando con las clínicas. Toda esa enorme proporción de deprimidos no tiene un psicólogo o grupos de ayuda a quien acudir, así que muchos acaban colgándose (casi el 80% de los suicidas recurre a la horca).

Muchas veces los medios de comunicación hablan de suicidios y los relacionan directamente con la crisis económica, pero en tu artículo algunos expertos quitan hierro a esa relación. ¿Crees que los medios se comportan con responsabilidad?
Respecto al suicidio me consta que no, por lo general. Suele ser un tratamiento simplista que sirve para vender periódicos: joven no encuentra trabajo, ergo se suicida; hombre abandona mujer o viceversa, suicidio.  Reuniendo documentación me encontraba cosas así: “¡La crisis potencia los suicidios!”; en parte es cierto, claro, pero a lo mejor en un 2 o un 4%. El problema es que el suicidio es contagioso, suele llegar en “rachas” que afectan a un ámbito concreto como un vecindario o un instituto. Parece que cuando alguien se mata, hay personas a su alrededor que se ponen a valorar la posibilidad y algunas dan el paso. Véase el caso de France Télécom. Y con los medios ocurre lo mismo: los suicidios de famosos o pintados de forma cuasi-honorable o romántica crean imitadores (como los casos de Kurt Cobain o Marilyn que menciono en el artículo). Es el “efecto Werther”. Lo recomendable para evitarlo es explicarlo lo mejor posible, racionalizarlo con causas y posibles soluciones. Hay que derribar muchos mitos dañinos como el de la inevitabilidad: “quien tiene tendencia suicida se va a terminar matando sí o sí”; según los especialistas,  esto es falso. El afectado toma la decisión fatal en un momento excepcionalmente duro que se podría evitar si alguien se acerca y le pregunta “qué tal estás”. Algunos incluso no quieren morir sino llamar la atención de su entorno porque se sienten mal (casos de adolescentes que se abren las venas). De ahí la campaña lanzada en Lituania: “La conversación puede salvar vidas”.

Cuáles son tus próximos proyectos, ¿planeas seguir viajando y escribiendo?
Ahora mismo vacaciones, que llevo meses montando los documentales del Sudeste Asiático (Intereconomía los empezará a emitir la semana del 21 de junio).  Iré dos semanas a Miami a ver a una amiga, y a lo mejor visito un par de sitios (¡Nueva York!). Luego quiero irme julio y agosto a recibir clases intensivas de ruso en Moscú con el Instituto Pushkin y de paso reunir pistas para un posible futuro macro-reportaje por los territorios de la antigua URSS.  En septiembre espero realizar otro documental por la India  y Nepal.

Muchas gracias.
¡No, gracias a vosotros!

  5 comments for ““La conversación puede salvar vidas”

  1. Jaime Guisasola
    24/05/2010 at 00:41

    Muy buena entrevista Dani:-)

  2. V
    25/05/2010 at 04:30

    enormes!

  3. Christian
    26/05/2010 at 16:19

    Gran iniciativa, buena entrevista, fantástico todo!

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